Diccionario Folklórico Argentino - pág.551 - Folklore Argentino

--20191001 111546 Visitas

Diccionario Folklórico Argentino con más de 10.000 términos sobre tradiciones orales, cuentos, leyendas, proverbios y chistes, y cultura gauchesca, que va desde accesorios hechos a mano, como el mate, a rituales de las celebraciones argentinas, el asado, las danzas folclóricas y la forma del vida de los gauchos.
Diccionario Folklórico Argentino 10.000 términos tradiciones orales cuentos leyendas proverbios chistes cultura gauchesca folclore argentino topargentino

Cuanta pilcha lujosa compone el apero del gaucho, sale a tomar el aire con esta circunstancia. Ponchos de vicuńa, chapeados de pura plata, calzoncillos con flecos, botas de potro bordadas en el empeine, lazos trenzados de veinticuatro, en fin, todo aquello de más rico, más caro y apreciado que existe en el paisano, entra a desempeńar su rol en aquellos días de algazara. La yerra comienza por echar la hacienda al corral, se mata una o las vaquillonas que han de servir la carne con cuero, las marcas están candentes en la hoguera, todo el mundo ríe y charla que es un primor. Se designan los enlazadores y los pialadores con que se ha de abrir el torneo, y un: ˇvamos, muchachos!, lanzado por el dueńo de la estancia, es la seńal de que ha empezado la justa. El corral se ve de pronto invadido por un enjambre de gente. El estanciero, un capataz, en fin cualquiera, hace su armada, dirige la vista sobre el animal que ha de ser la primera víctima, arremete contra ella, la hacienda se arremolina, levantando la primera nube de polvo de la yerra y. . . el lazo cae en las astas del orejano si es vacuno y si es equino en el cuello. Un hurra, un bravo, un grito de alegría, un aplauso o lo que se quiera, resuena entre los actores y espectadores de la escena, y mientras los ecos y las brisas pierden aquella manifestación en la llanura, la víctima brega pugnando por cortar la fuerte polea que la aprisiona. La contienda ha comenzado. Diez y hasta veinte enlazadores y pialadores luchan siempre con el mejor éxito contra el creciente número de animales que hay que tender en el suelo. Pero lo interesante de la yerra no es precisamente el acto de la marcación, sino el lujo y destreza que desplegan los enlazadores y los pialadores, los unos a caballo, los otros a pie, y el variado conjunto que presenta la escena. Mientras en el corral se admira la facilidad con que el gaucho maneja el lazo y el caballo, bajo el ombú, en la playa, en la cocina se desarrollan otros cuadros de no menos interés. Aquí se percibe un grupo en donde el mate, la guitarra y la ginebra contribuyen a amenizar un gato, un triunfo u otra pieza que se baila. Allá se distingue otro por las imprecaciones y gritos de júbilo que a cada instante se producen: ahí se juega a la taba. Las yerras, cuyo origen se remonta a la época del General Navarrete, duran en proporción de los animales que hay que marcar. Hay establecimientos en que se prolongan por quince o veinte días consecutivos». Althaparro le dedica un capítulo a las hierras de convite.
YETEY. Entre los indios Cainguaés es costumbre fabricar un payé para el amor, con el forro de las colmenas de esta abeja.


Compartir:


Página 551 de 562
 



Grupo de Paginas: