El Comité - pág.31 - Folklore Argentino

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"-Y entuavía s´anulan las rejuntadora´e votos porque manyan qu´hay uno´e más.

"-Son unos pálmelas, son. No saben ganar la elección sin qu´intervenga eso´e la lay. ¡Qué lay ni qué lay! La cuestión es de ganarla peliando.

"-¡Tendrían´e vorver eso tiempo!

"-Siguro, pa que subieran los de menega.

"-¡Qué se le v´hacer!

"-¡Qué querés; m´abronca tanto, qu´antes que se vengan las elecciones presidenciales yo me espianto!

"-¿Pa dónde?

"-Pal Paraguay, donde entuavía se vive n´el comité y s´arman bochinches a la gurda, y donde se puede marcar alguno, tanto pa no perder la costumbre, sabés."

El Camino Abierto

Ante la nueva situación creada por la ley 8871, sólo resistida por los sectores conservadores más recalcitrantes, la Unión Cívica Radical resuelve levantar la abstención y concurrir a los comicios de Santa Fe, los primeros en los que se aplica la flamante creación de Sáenz Peña.

"Garantizado el sufragio y creado el sufragante", como expresa una sintética fórmula de la época, el 31 de marzo de 1912 se imponen los candidatos radicales, y vuelven a hacerlo el 7 de abril, en las elecciones para renovación de la Cámara de Diputados de la Nación. Roque Sáenz Peña -a punto de ceder la presidencia a Victorino de la Plaza- se dirige a la fuerza triunfante:

"Sobre aquellos para quienes el actual comido libre ha sido un campo de victoria, pesa el deber de honor de mantener el comido igualmente libre para todos en las luchas electorales futuras, que han de fijar los rumbos definitivos, enalteciendo el nombre de la república por la legalidad institucional y la cultura."

La inminencia del ascenso radical moviliza activamente a las fuerzas conservadoras, y uno de los frutos de esta movilización es el Partido Demócrata Progresista (14/12/1914), que no cuenta con el asentimiento total de la oligarquía (le falta, por ejemplo, el respaldo de Marcelino Ugarte), pero que es visto por los sectores más flexibles como un medio idóneo para contener electoralmente al radicalismo.

Llegamos a 1916, y a las vísperas de las elecciones para la renovación presidencial: el Partido Demócrata Progresista lanza la candidatura de Lisandro de la Torre-Carbó, en tanto que el radicalismo -vencidas las reticencias de Yñgoyen, que parece aferrarse hasta último momento a la idea insurreccional- proclama la fórmula Hipólito Yrigoyen-Pelagio B. Luna.
El camino está abierto, y el 2 de abril de 1916, por 372.810 votos contra -351.099 que han conseguido las fórmulas restantes, se verifica el triunfo del binomio radical. El pueblo, según Yrigoyen, ya tiene "el gobierno de sus anhelos".

1916, como habíamos anunciado, cierra el ciclo político que quisimos mostrar; clausura ciertamente provisoria porque la ley Sáenz Peña, lamentablemente, no puso punto final a las prácticas fraudulentas y a la corrupción política.

Numerosos episodios protagonizados posteriormente por el conservadorismo (también por la "causa reparadora" en el poder, para qué ocultarlo) nos demuestran que inclusive el voto secreto puede ser maleado y desvirtuado, y con él la voluntad de los electores.
Cambiaron las técnicas, pero no el espíritu fraudulento, y así volvieron a votar los muertos, se volcaron urnas, se siguieron comprando libretas, y llegamos al escándalo de las elecciones no reconocidas y de las candidaturas impuestas o vetadas desde el exterior.

El comité tampoco varió fundamentalmente, e inclusive puede suponerse con fundamento que en algunos casos llegó hasta lo francamente hamponesco.

Pero queda por formular una última observación. Con sus dramáticas limitaciones, inclusive con sus vicios tremendos, el comité criollo fue, de todas maneras, el punto de partida de nuestra conciencia y de nuestra condición política, el marco desde el cual el hombre argentino comenzó a dilucidar su destino y a adquirir certera noción de su peso y de su gravitación en los procesos de la vida nacional.

Los textos que hemos hilvanado nos descubrieron la imagen dolosa y negativa del comité, y esta imagen es totalmetne verídica. Reivindiquemos, sin embargo, por lo menos conjeturalmente, ese aporte nada desdeñable.


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