El Comité - pág.24 - Folklore Argentino

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Si me engaño a este respecto, será una desgracia que yo ya nó podré ni sentir ni remediar...

"Ahí está mi labor y mi acción desde largos años, desde muy joven, desde muy niño, luchando siempre de abajo. No es el orgullo que me dicta estas palabras, ni es debilidad en estos momentos lo que me hace tomar esta resolución. Es un convencimiento profundo que se ha apoderado de mi alma en el sentido que lo enuncio en los primeros párrafos, después de haberlo pensado, meditado y reflexionado, en un solemne recogimiento.

"Entrego, pues, mi labor y mi memoria al juicio del pueblo, por cuya noble causa he luchado constantemente.

"En estos momentos el partido popular se prepara para entrar nuevamente en acción en bien de la patria. Esta es mi idea, este es mi sentimiento, esta es mi convicción arraigada, sin ofender a nadie. Yo mismo he dado el primer, impulso, y sin embargo, no puedo continuar. Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales: "¡Adelante los que quedan!

"¡Ah, cuánto bien ha podido hacer este partido, si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores!

"¡No importa! Todavía puede hacer mucho. Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellos le dieron origen y ellos sabrán consumar la obra: ¡débeñ consumarla!"

Concurrencia o Abstención

En 1897 la postulación de Roca para el período presidencial 1898-1904 provoca una transitoria ruptura entre el Partido Autonomista Nacional y la Unión-Cívica Nacional, que busca coaligarse con otras agrupaciones mediante la llamada "política de las paralelas".

La inminencia de las elecciones motiva, a su vez, la escisión de la Unión Cívica Radical en dos grupos: los concurrencistas, partidarios de Bernardo de Irigoyen, y los abstencionistas, que siguen la línea mayoritaria e intransigente de Hipólito Yrigoyen.

Este sector, que cuenta con apoyo en la Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires, se reagrupa a fines de setiembre de 1897 y proclama la legitimidad de la vía revolucionaria para conquistar la libertad e integridad del sufragio.

El Comité

Acto electoral del comité socialista de la Capital, 1914.


Una figura concurrencista saliente, Lisandro de la Torre, denuncia por entonces la creciente influencia de Yrigoyen:

"El Partido Radical desde su origen ha tenido una influencia hostil y perturbadora, que ha trabado su marcha, que ha desviado sus mejores propósitos y que ha convertido toda inspiración patriótica en debate mezquino, de rencores y ambiciones personales...

Ha sido la influencia del señor Hipólito Yrigoyen, influencia oculta y perseverante que ha operado lo mismo antes y después de la muerte del doctor Alem."

Menos idealista que la intransigencia radical, la Unión Cívica renueva sus contactos con el Partido Autonomista Nacional y auspicia la fórmula Roca-Quirno Costa en abril de 1898.

En esas circunstancias el radicalismo de la capital produce uno de sus documentos históricos fundamentales, en el que se enjuicia severamente a la línea acuerdista y se denuncia la debilidad de algunos sectores internos:

"Buenos Aires, diciembre de 1897.

"Los acontecimientos desarrollados últimamente en el seno del partido, que han producido, como consecuencia inmediata, una división de sus fuerzas, inducen a este Comité a explicar a sus afiliados los poderosos motivos que lo obligan a perseverar en la lucha con los mismos principios, con los mismos ideales y con los mismos ardorosos entusiasmos con que apareció a la vida pública en momentos críticos para las instituciones nacionales.

"Los antecedentes del partido son bien conocidos; adquirió popularidad porque inscribió en su bandera la austera intransigencia de los principios democráticos y su consecuencia y firmeza lo hicieron tan poderoso que pudo conmover la República al solo influjo de su benéfica propaganda.

"Como fuerza orgánica destinada a luchar en una época de descomposición, tuvo que forjarse en la adversidad, y dirigida por el noble repúblico que llora aún el pueblo argentino, hubiera seguido su acción regeneradora llegando a la meta de sus aspiraciones, si no hubieran obrado dentro de su seno factores que pretendieron desnaturalizar su misión, malogrando la campaña sacrosanta.

"No es un misterio que dentro de su seno se elabora desde tiempo atrás una tendencia evolucionista que, ahogada por el credo mismo de la causa, aprovechó un momento de expectativa para pronunciarse en ía forma conocida.
No pudimos seguir esa tendencia porque la dignidad política nos lo prohibía; no pudimos seguirla porque la conciencia nos reclamaba el deber imperioso de respetar los principios proclamados.

"Resistimos la nueva política con enérgica entereza porque desconociendo ella los principios de nuestro programa, rompía la unidad de la única fuerza orgánica que existía en la República; la resistimos sin odios ni pasiones porque, con fe en el pueblo, previmos su fracaso y abrigamos la esperanza de reconstruir el partido sobre la base inconmovible de su primitivo credo.

"El ruidoso fracaso de la política iniciada demostró que el radicalismo no cambiaba rumbos; demostró que la mayoría de sus afiliados querían conservar intacto el programa tantas veces proclamado y tantas veces regado con sangre generosa, porque a él le debía su fuerza y su prestigio.

"La voluntad del pueblo se manifestó en forma elocuente, sin que pudieran ejercer influencia sobre ella ni el nombre ni el prestigio de muchos de los que fueran sus hombres dirigentes.

"El momento de nuestra acción había llegado.

"Es pública la iniciativa de unión que partió de nuestro seno; pero desgraciadamente el amor innato en los hombres, que los hace persistir en sus errores, hizo fracasar nuestros anhelos.

"A pesar de todo, no podemos vacilar; la bandera radical no puede ser arriada; el cumplimiento de un deber sagrado nos obliga a enarbolarla para que se cobijen bajo ella las nuevas generaciones.


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