El Comité - pág.23 - Folklore Argentino

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Por el Comité Nacional lo hacen los doctores Angel Ferreira Cortés, Antonio Arraga, Francisco A. Barroetaveña y Adolfo Saldías, el general Teodoro García y el señor Delfor del Valle.

Si comparamos su conducta política con el practicismo utilitarista del Partido Autonomista Nacional (y del conservadorismo en su conjunto), el radicalismo parece exclusivamente empeñado en una reivindicación de carácter moral, tal como Id explícita desde sus comienzos la oposición formulada por Hipólito Yrigoyen: causa reparadora-régimen falaz y descreído.
Oposición que constituirá una de sus fuerzas indudables, pero que contiene al mismo tiempo, al no desarrollarse en otras direcciones menos formalistas, los gérmenes de su futura ambigüedad política y administrativa.

En el momento de génesis que sucede a la Revolución del 90 el radicalismo parece encabalgar su existencia sobre dos líneas divergentes: por un lado se nos presenta como un movimiento fuertemente tradicionalista que replantea los términos de la política conforme a un modelo anterior al 80, vaciándolos de connotaciones económicas y sociales (salvo cierto proteccionismo heredado de Aristóbulo del Valle); y lo que el radicalismo parece realizar básicamente, en este sentido, es una petición de poder, que se apoya (sin criticarlo) en el marco institucional perfilado por los organizadores del 53 y en una reivindicación bastante difusa de la pureza del sufragio.

Pero el radicalismo significa también una innegable superación de este momento, en tanto representa -por lo menos hipotéticamente- las exigencias de participación y control de nuevas fuerzas, y en este sentido será ilustrativa en su momento la presencia del electorado de provincias como Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba (que aportan el 60 % del electorado radical) y la identificación de la nueva clase media urbana y rural con sus reivindicaciones fundamentales.


Se inicia también la etapa conspirativa del radicalismo, alentada fundamentalmente por Hipólito Yrigoyen, la gran figura vertebradora del movimiento. Proclamada la necesidad de la revolución y concebido el radicalismo como "religión cívica de la Nación", el partido elige en 1897 la abstención electoral absoluta y se mantiene en esa línea intransigente -con parciales disidencias- hasta 1912.

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Multitud radical enseña sus libretas al Dr. Yrigoyen, 1912.

El Socialismo Argentino

El surgimiento de la Unión Cívica Radical no es el único indicio de la creciente movilidad política de la Argentina posterior al 90. En abril de 1894, en forma casi simultánea, comienza a actuar el Partido Socialista, nueva fuerza que se organiza en forma definitiva a mediados de 1896 y que algo más tarde adhiere a la Segunda Internacional.

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"¿Qué le parece mi traje de Unión Electoral" pregunta Manuel Ugarte. Caras y Caretas, 1906


La presencia del socialismo expresa el pujante crecimiento mundial de la socialdemocracia y remata, en nuestro medio, un dilatado proceso de germinación cuyas etapas iniciales entroncan con la génesis del movimiento obrero argentino, desde los ya lejanos días de Emille Dumas, el Vorwaerts y el Sindicato de Tipógrafos. Intervienen en la fundación del Partido Socialista, o actúan desde sus primeros momentos, figuras como Juan B. Justo, Roberto J. Payró, Nicolás Repetto, Alfredo L. Palacios, Aquiles Gambier, Manuel Ugarte, etc., muchos de los cuales han intervenido en la Revolución del 90 desde las líneas de la Unión Cívica.

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Caricatura de Juan B. Justo. Fray Mocho, 1913.


El moderno programa socialista -a tono con las éxigencias reivindicatorías de la época- propicia la reducción de la jornada laboral, el salario mínimo, las indemnizaciones por accidentes del trabajo, la abolición de los impuestos indirectos, la limitación del régimen de la herencia, ios impuestos progresivos sobre la renta, la separación de la Iglesia del Estado, el sufragio universal, la representación de las minorías políticas, la educación laica y gratuita, etc.

En su etapa organizativa el socialismo se enfrenta con el anarquismo por cuestiones de tipo ideológico, pero fundamentalmente por la dirección del movimiento obrero. Estas luchas, a las que se agregan el peso de los acontecimientos internacionales -muchas veces decisivo- y las concepciones divergentes con respecto a la inserción del partido en el cuadro de la política nacional, no tardan en hacer crisis en el seno del socialismo y dan lugar a diversas escisiones, desde la que origina la Federación Socialista hasta la que provoca en enero de 1918 el nacimiento del Partido Socialista Internacional.

El Testamento De Alem

El suicidio de Leandro N. Alem (1/7/1896) agudiza la crisis que vivía el radicalismo en su etapa organizativa, pero no constituye, como algunos habían previsto, un factor de disolución. Las banderas del Parque y la sombra mítica de Alem (a pesar de sus vacilaciones e inclusive de sus enfrentamientos con el sector más intransigente) siguen alimentando a la "causa reparadora". El testamento político de Alem se convierte en una suerte de evangelio radical:

"He terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir: ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble!

"He luchado de una manera indecible en estos últimos tiempos, pero mis fuerzas, tal vez gastadas ya, han sido incapaces para detener la montaña... ¡y la montaña me aplastó!

"He dado todo lo que podía dar; todo lo que humanamente se puede exigir a un hombre, y ál fin mis fuerzas se han agotado... y para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. Entrego decorosa y dignamente todo lo que me queda: mi última sangre, el resto de mi vida.

"Los sentimientos que me han impulsado, las ideas que han alumbrado mi alma, los móviles, las causas y los propósitos de mi acción y de mi lucha, en general de mi vida, son, creo, perfectamente conocidos.


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