El Comité - pág.20 - Folklore Argentino

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En estos días de crisis los hechos se suceden con rapidez, y el movimiento de resistencia cívica iniciado por Barroetaveña con su histórico artículo en La Nación ("Tu quoque juventud. En tropel al éxito") cuenta casi inmediatamente con el apoyo de figuras de la vieja guardia, como Mitre y Bernardo de Irigoyen, y de caudillos con gran arraigo popular, como Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle, que coinciden en torno a consignas de contenido netamente reivindicatorío.

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Leandro N. Alem. Museo Mitre.

A comienzos de setiembre de 1889, luego de la rumorosa asamblea del Jardín Florida, se constituye la Unión Cívica de la Juventud, que aboga por el sostenimiento de las libertades públicas, el ejercicio pleno del derecho del sufragio y el saneamiento administrativo.

Integran la Junta Ejecutiva el ya citado Francisco Barroetaveña, Alberto López, José S. Arévalo, Emilio Gouchón, Alberto Gaché, Damián Torino, Pedro Varangot, Carlos Videla, Rufino de Elizalde, Tomás A. Le Bretón, Rodolfo Solveyra, Antonio Ibarguren, Marcelo T. de Alvear, Adolfo Mujica, Angel Gallardo, Felipe Senillosa, Pedro Gorostiaga, Jorge Haynard, Remigio Lupo, Juan M. de la Serna (h) y Demetrio Sagas-turne.

Bartolomé Mitre no asiste al mitin del Jardín Florida, pero envía una carta en la que saluda al nuevo movimiento y reclama la vigencia del orden constitucional. El motivo que le impide concurrir: una "leve herida del labio", que le dificulta "el uso de la palabra para expresar de viva voz" sus sentimientos.

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Bartolomé Mitre, caricatura de época, caras y Caretas, 1902.


El 13 de abril de 1890, en la asamblea del frontón "Buenos Aires", la Unión Cívica de la Juventud se convierte a su vez en Unión Cívica, nueva fuerza en la que coinciden Alem, el mitrismo, numerosas figuras de extracción autonomista y católicos militantes como José M. Estrada y Pedro Goyena.

Así las cosas, se precipitan los acontecimientos, que desembocan en la revolución del 26 de julio, que, aunque frustrada por la turbia actuación de algunos de los elementos plegados al levantamiento, produce, sin embargo, la caída de Juárez Celman y posteriormente el interregno conciliador de Pellegrini, que asume la presidencia en remplazo del Unico.

Es interesante señalar, complementariamente, que los avatares del Unicato y su nada glorioso derrumbe del 90, con las secuelas previsibles impresionan profundamente a los escritores de la época, como lo testimonia una producción profusa y testimonial en la que se destacan: Abismos (1890), de Manuel Bahamonde; La Bolsa (1891), de Julián Martel; Ouilito (1891), de Carlos María Ocantos; Horas de fiebre (1891), de Segundo I. Villafañe; Buenos Aires en el siglo XIX (1891), de Eduardo Ezcurra; Contra la marea (1894), de Alberto del Solar; Grandezas (1896), de Pedro Morante; La Maldonada (1898), de Francisco Grandmontágne; Quimera (1899), de José Luis Cantilo, y Grandezas chicas (1901), de Osvaldo Saavedra.

14.Intermedio con los Demonios Electorales de "Pago Chico"

En 1887, un joven periodista que ha escrito en La Patria Argentina, Sud-América y La Razón, y que ya ha publicado con cierto éxito sus primeros ensayos narrativos (Entre amigos, Antigona y Scripta), se instala en Bahía Blanca, donde funda el periódico opositor La Tribuna, que poco después se convierte en órgano de la recién nacida Unión Cívica.

La etapa bahiense de Roberto J. Payró, nuestro joven periodista, es singularmente productiva. El agudo observador de nuestra vida política comienza a dar testimonio de, uña realidad fraudulenta y corrompida, que deja entrever la auténtica naturaleza de los congelados estereotipos "republicanos" que predica la oligarquía gobernante.

Desde las páginas de La Tribuna y con los seudónimos de "León Manso", "Julián Gray" y "Loreto Cartucho", ordena periódicamente sus inteligentes observaciones sobre los problemas y acontecimientos más críticos del período que precede a la revolución de 1890, en la que participa activamente desde las filas del civismo.

Años después, como redactor de La Nación, viaja por el interior de la provincia de Buenos Aires, por la Patagonia y por las provincias de Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy, experiencia de la que surgirán las series de En los dominios platenses, y sus libros La Australia argentina y En las tierras de Inti.

Su estadía en Bahía Blanca y su conocimiento real del país convierten a Payró en el testigo insustituible de una época y de un estilo político: el mismo que han sedimentado e impuesto a lo largo de casi cuatro décadas el mitrismo y el Autonomismo Nacional.

Payró se inscribe en la vertiente del moralismo civilista que cultivan en planos diversos pero complementadores los hombres de la Unión Cívica, del radicalismo y del socialismo incipiente, matizado en su caso por cierta visión de humorista un tanto distanciado frente a un proceso que según él -a pesar de sus aspectos agudamente negativos- revela "las primeras palpitaciones de una democracia en gestación".

En 1908, con el sello porteño-barcelonés de Rodríguez Giles, aparece Pago Chico, obra de síntesis en la que confluyen lo testimonial y lo ideológico para exhibirnos un corte de cierta zona crítica de nuestra realidad política.

Leamos en "La elección municipal", sin perder de vista las apropiadas dimensiones ficticias de este relato de Pago Chico, los alborotos de comité que se suscitan a comienzos de los años 90, en el marco borrascoso de un hipotético pueblo de la provincia de Buenos Aires, entre elementos cívicos.

Los ciudadanos de Pago Chico se aprestan a renovar sus autoridades municipales:

"Entretanto, en el comité cívico hallábanse reunidos Viera, el periodista que a cada instante se asomaba a la puerta, nervioso, excitado, sin haber dormido, aguardando las huestes de votantes de la campaña que ya debían haber llegado; Lobera, que peroraba y destilaba esencias; Silvestre, que trataba en vano de meter baza apenas se interrumpiese la interminable serie de sus discursos; Pedrín, Pulci, Pancho Fernández, el hijo del vigilante, Tortorano, veinte o treinta más, y por último el doctor Francisco Pérez y Cueto, que había exclamado con énfasis al entrar:


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