El Comité - pág.16 - Folklore Argentino

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"El nombre de valientes les suena como una música celestial, trastornando su cerebro, y la interpretación que ellos dan a la palabra consiste en promover los mayores desórdenes, contando con la impunidad y la protección de sus jefes.

"La casa se llenaba durante toda la noche de todos estos ciudadanos dispuestos a derramar su sangre, más por el patrón que por la patria, y que en la inconsciencia de sus derechos y el relajamiento de sus costumbres, son capaces de todas las temeridades más odiosas... y de todos los heroísmos más abnegados... al César lo que le corresponde.

"En las épocas de las elecciones hacen su aparición repentina; vienen por bandadas, por grupos; otros, solos, taimados, haciéndose rogar, convencidos de su valimiento.

"Al obscurecer empiezan a desfilar lentamente hacia el Comité, haciendo estaciones y caídas en todos los negocios de bebida, en los que de paso reclutan a los más rezagados.

"Fácilmente se les puede rastrear por la franja descolorida que van dejando, pues en su hábito peculiar caminar rozando las paredes.

"Los más jóvenes conservan bien la noción de sus actos y, aunque no puedan medir el alcance de las obligaciones y de los derechos de que pueden disfrutar y que ellos enajenan fácilmente en beneficio de un tercero, saben muy bien apreciar la importancia de su puesto, y entienden, como ninguno, el sistema de darse aire en su jerarquía de política transitoria.

"Sufren una curiosa perversión de sentimientos, pues la patria encarna para ellos algo como la guerra, la lucha, la defensa de derechos usurpados y por esto en la guerra los vemos realmente luchar brazo a brazo, como valientes, y sostener la fama de tales con un ardor y un brío que envidiaría el mejor soldado.

"La patria en la guerra, en el peligro, en las convulsiones políticas, es la única patria que ellos reconocen, y puede decirse que en esto se cumple una ley de atavismo social.

"Felizmente, a estas ideas y a estos hechos, transmitidos conjuntamente con el coraje de padre a hijo, se han sucedido otros conceptos que, en la evolución material y moral de nuestro progreso, borran los instintos bélicos y camorristas, por el amor al trabajo; y al amparo del orden, de la estabilidad, son factores útiles que se van incorporando insensiblemente al engranaje común para contribuir al engrandecimiento del edificio social.

"A la patria guerrera se ha substituido la patria del trabajo; al arma, el arado, y a las convulsiones políticas de los caudillos, la propaganda incesante por el orden y el bienestar común.
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"En las estaciones políticas sube, sin embargo, la marea, y entonces vienen a la superficie los impenitentes, los rezagados, los aferrados a las ideas antiguas, los que quieren echar una cana al aire, arrastrando el poncho y acariciando el facón; pero el entusiasmo dura poco, y los antiguos bríos no encuentran la resistencia apetecida.

"Ellos se mantienen fieles a su tradición y a su fama legendaria de valientes; leales hasta el sacrificio; audaces hasta la temeridad, héroes anónimos que todos sabemos dónde caen y dónde mueren.

"Su recompensa no cuesta a la patria muchos desembolsos.

"Los más viejos ya han corrido la dura tarea de una vida azarosa, sin porvenir, sin horizonte, sin ambiciones: un hogar que fácilmente se derrumba; hábitos nómadas y la herencia de la miseria como una perspectiva poco halagadora que ellos miran con indiferencia.

El Comité

Alfredo Palacios durante una campaña electoral. Caricatura de Cao. Fray Mocho, 1912.


"Son los figurantes del Comité, los indispensables para dar a las manifestaciones públicas su carácter de grandes asambleas en plena calle, a los gritos de viva fulano y mengano, en medio del estrépito de la música destemplada y de las puertas y vidrieras que se cierran por temor de los estragos.
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"Esa noche había gran asamblea.

"El Comité hervía de gente de toda clase. Las piezas interiores estaban ocupadas por los personajes más conspicuos: los miembros de la comisión directiva, con cierto aire de suficiencia y de unción que les venía de lo alto.

"El secretario se había puesto su cuello más almidonado y una levita negra que le daba por las pantorrillas; estaba embarazado con sus faldones, que en cualquier movimiento se abrían como paracaídas; lucía su mejor alfiler, y su anillo de chispa tenía un compañero tan ancho que le impedía doblar el dedo.

"Iba de un lado para otro, llevando papeles, entregando cartas y notas, dando explicaciones, escuchando pacientemente las preguntas que l,e dirigían y sonriéndose con malicia con alguno de su confianza, cuando pasaba por delante de una serie de personajes adustos, graves, que estaban sentados en hilera simétrica en un rincón de la sala, fumando con desahogo, hablándose a hurtadillas con monosílabos y dirigiendo de tiempo en tiempo sus ojos desconfiados a la puerta de salida.

"Tenían el aspecto venerable de los ancianos bíblicos.

"La buena fe les hacía considerar el Comité como un templo; su actitud era la de un testigo que espera la llegada del juez para prestar su declaración.

"Habían acudido al llamamiento, trayendo su contingente de influencia; en cambio, habían abandonado su hogar y sus majadas con la despreocupación que les caracteriza.

"El secretario aprovechaba la confusión para hacer sus excursiones al fondo de la casa, en busca del fulano de los mates, que los tenía cebados en hilera, y por cuyas bombillas pasaba alternativamente sus labios, como quien toca la zampona; luego, limpiándose con la manga del levitón, entraba más serio que un obispo, en el salón de su dependencia.


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