El Comité - pág.14 - Folklore Argentino

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"Durante el mes anterior al bochinche, vive en familia con los otros de su calaña, a rancho y puerta cerrada (por las dudas), racionado con los "á compte" de los sueldos y pitanzas de los candidatos. Del cuero salen las correas.

"Suena la hora, llega el instante solemne y el maestro de ceremonias, alguno de los que manejan los títeres, lo endereza entonces a ejercer sus funciones soberanas, es decir, a votar por cinco pesos sin saber para qué ni por quién, una, dos y hasta tres veces si cuela, llamándose primero Juan, luego Pedro y después Diego, ya barbudo, ya afeitado, con un gorro de vasco en la cabeza o un sombrero de panza de burro encasquetado hasta los ojos y, si acaso, a armar también la de Dios es Cristo, alguna de tiros y puñaladas, robándose los registros de la mesa a una seña del caudillo que ve el negocio mal parado."

11.La República en los años 80

A comienzos de la década del 1880 las fuerzas políticas se reordenan así: el mitrismo fortalece los decaídos cauces del viejo Partido Liberal y los autonomistas se reagrupan en dos fracciones que responden al liderazgo de Tejedor y de Carlos Pellegrini, quien junto con Dardo Rocha -el flamante fundador de La Plata- capitaliza la adhesión del sector republicano adicto a Aristóbulo del Valle.

La ascensión de Dardo Rocha a la gobernación de Buenos Aires significa en la práctica la unidad del autonomismo, unidad que se mantiene hasta 1886, año en que las candidaturas de Nicolás Achával y Máximo Paz para la sucesión de Rocha vuelven a escindirlo.

La fracción pacista, fortalecida por el triunfo de su candidato, se nuclea én un nuevo movimiento, el Partido Provincial, sostenedor años después de la fracción modernista, y de Roque Sáenz Peña, su líder más visible.

El Comité

Luis Sáenz Peña. Archivo General de la Nación.


Antes de proseguir ordenemos de manera sintética algunas de las notas más características de los decisivos años 1880:

En el terreno económico se producen importantes transformaciones, entre las que corresponde señalar la ceñida interdependencia del doble proceso de crecimiento de la zona litoral y de concentración de la propiedad territorial en manos de la oligarquía bonaerense, a favor de la cual -aproximadamente entre los años 1876 y 1893- se enajenan más de 40 millones de hectáreas y comienza a crecer desorbitadamente el valor real de la tierra.

A partir de 1878 se establece el transporte frigorífico de carnes, con el que se inicia una etapa de cambio de mercados y transformación de las prácticas ganaderas que torna más lucrativa la posición de los estancieros latifundistas. Se produce, también, un significativo repunte del ganado lanar.

En 1889 las exportaciones ganaderas representan algo más del 80 %, sobre el escaso 14 % de las agrícolas, y en este porcentaje la lana constituye por sí sola el 61 % del total, con beneficios netos para los latifundistas y sus socios menores, beneficios que se deslizan al terreno de la política, a través de la notoria sustentación de la compleja "máquina" comiteril y electoral.

La etapa que se inicia en 1861 con la batalla de Pavón y que culmina con la revolución del 90 es, básicamente, de profunda crisis institucional y política.

Luego de los enfrentamientos del Estado de Buenos Aires con la Confederación Argentina la primera presidencia de Roca es algo así como la línea divisoria entre la Argentina tradicional y la Argentina moderna, signada esta última por el ritmo de expansión que han alcanzado las fuerzas económicas en el plano internacional.

El 1880 supone también el epílogo del secular conflicto entre porteños y provincianos, resuelto ahora a favor del sugestivo entendimiento entre la oligarquía porteña y las situaciones provinciales.

El ocaso de la Argentina tradicional se objetiva en el progresivo ablandamiento del nacionalismo porteño y en lo que podemos denominar la "inversión de carácter" del autonomismo virtualmente triunfante.

Estos resultados, de algún modo, son el eslabón postumo de la política de Conciliación iniciada con posterioridad a la fallida tentativa revolucionaria de 1874, y el lema del 80, "Paz y Administración", expresa de manera elocuente la ideología tenderil y utilitarista que se propone sacar el mejor partido de la eventual prosperidad argentina, sin miras ni proyectos demasiado largos, como lo demuestra la parábola que va de Roca a Benito Villanueva pasando por Juárez Celman y la "muñeca electoral" de Carlos Pellegrini.

En este sentido la producción novelística de los años 1880 a 1900 posee para nosotros un valor testimonial inestimables tanto por la visión del mundo que nos propone (reveladora de los contenidos y fisuras de una clase) como por la puntualizaclón, a menudo prolijamente descriptiva, de ciertos ambientes y situaciones ubicables en un tiempo y en un contexto histórico precisos.

Revalido como ejemplo a "Irresponsable", un libro de Manuel T. Podestá publicado en 1889 por las prensas de "La Tribuna Nacional", que nos ofrece una interesante descripción del comité porteño (ya no el viejo club político liberal), con su Corte picaresca de personajes logreros, sus advenedizos, sus parásitos y sus trágicos metecos:

"La casa decía a las claras lo que había adentro. Era una de esas que las señoras conocen desde la fachada que no son para familia.

"A pesar de su arquitectura exterior, donde se habían colocado grandes guirnaldas de flores de yeso y angelitos que sostenían en los cuadros de las ventanas coronas votivas, sobre urnas de tierra romana; a pesar de su friso de mármol blanco, herrumbroso en todas partes y medio deschapado en los cantos, y de su puerta de cedro labrada, estaba revelando que el abandono reinaba como dueño absoluto de la vivienda.


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