El Comité - pág.13 - Folklore Argentino

--20211019 1613 Visitas
el comité historia argentina folklore argentino caudillo positivo Nacimiento Partido Autonomista Nacional revolución del 90 roca radicalismo socialismo argentino testamento de Alem poetas del comité sistema electoral topargentino



Inclusive la cuestión "capital de la República" ha perdido el sello reivindicador y combativo que la caracterizó hasta Pavón (1861) y reviste un carácter puramente formal, que sólo pasará inadvertido para porteños intransigentes como Carlos Tejedor, que conservan en todo su vigor la empecinada miopía localista de 1852.

En julio de 1877, como expresión de estos nuevos tiempos, la llamada "política de la conciliación" auspiciada por Mitre y Avellaneda concreta un acuerdo entre el Partido Autonomista Nacional y el mitrismo, que permite el ingreso de los nacionalistas Rufino de Elizalde y José María Gutiérrez como ministros de Relaciones Exteriores y Justicia e Instrucción Pública, respectivamente.

Una caricatura aparecida en El Mosquito ilustra la situación: Avellaneda ha convidado a Mitre y a los militares que le son adictos a comer la sustanciosa "sopa de la reintegración de grados y sueldos", servida por Adolfo Alsina.

En la puerta Sarmiento, Arias y Gainza tratan de impedir la entrada de Arredondo, Machado y Segovia. Mitre protesta: "...con ellos hemos tenido hambre y con ellos debemos comer".

La Conciliación no tarda, sin embargo, en provocar los recelos del sector más duro del autonomismo. La fórmula Tejedor-Frías, producto de las especulaciones "acuerdistas" para elegir al sucesor de Carlos Casares en el gobierno de la provincia de Buenos Aires, motiva la separación del sector acaudillado por Aristóbulo del Valle, que se reagrupa como Partido Republicano.

Sarmiento también formula su disidencia en términos inconfundibles: "Las ideas no se concillan: las conciliaciones al derredor del poder público no tienen más resultado que suprimir la voluntad del pueblo para sustituirla por la voluntad de los que mandan"; grandes palabras, por cierto, que tipifican inequívocamente el ampuloso estilo de la predicación comiteril, pero que no impiden que autonomistas y nacionalistas voten una lista común en las elecciones para diputados nacionales de febrero de 1878.

10.Roca Y La Federalizacion De Buenos Aires

La imprevista muerte de" Adolfo Alsina (7/12/1877) debilita en cierta medida las defensas del autonomismo y provoca el progresivo copamiento de la Conciliación por los elementos mitristas.

En las postrimerías de la presidencia Avellaneda, cuando ya se perfila en toda su plenitud la figura y la influencia de Roca, la lucha por el poder alcanza su tono más virulento.

Se enfrentan, para dirimir la sucesión presidencial, un porteñista recalcitrante como Carlos Tejedor, que cuenta con el apoyo de Buenos Aires y de Corrientes, y el victorioso general Roca, proclamado por el autonomismo cordobés y apoyado por la Liga de Gobernadores como paradigma de las postergadas reivindicaciones del interior.

El provinciano Avellaneda ha dicho en su mensaje de 1879: "Hay un hecho que predomina en nuestra situación interior, y es la autoridad y la influencia siempre crecientes que ejerce el Gobierno Nacional en todo el territorio de la República. Es obedecido sin tardanza cuando manda y es escuchado con deferencia cuando aconseja". Pero sus palabras no son cabalmente entendidas.

Las elecciones del 11 de abril de 1880, que aseguran el triunfo de Roca, constituyen el prefacio a la sangrienta revolución de junio, instigada por el localismo porteño -que sin demasiada sutileza presiente en la elevación del provinciano Roca la quiebra definitiva de sus aspiraciones- y encabezada por sus representantes más conspicuos: Tejedor, Gainza y Lagos.

El 4 de junio, en efecto, ante el peligroso cariz que adquieren los acontecimientos, el presidente Avellaneda resuelve abandonar Buenos Aires (donde se lo considera un "huésped indeseable") e instala la sede del gobierno nacional en Belgrano.

Días después, entre el 17 y el 21, los revolucionarios porteños y las fuerzas leales combaten duramente en Barracas, Corrales, Puente Alsina y Olivera.

Roca, dueño de la situación, restaura el Congreso y obtiene la ley de federalización de Buenos Aires, que liquida el histórico conflicto.

A comienzos de octubre se reúne la asamblea legislativa que debe hacer el escrutinio definitivo de las elecciones de abril. Roca se impone por 155 votos sobre Carlos Tejedor, que sólo logra 70 votos.

Pero la persistencia de las prácticas fraudulentas, que constituyen el marco habitual de nuestra vida cívica, no pasa desapercibida para los miembros más lúcidos y críticos de la elite gobernante, para quienes esta tremenda negatividad encierra una de las más peligrosas fisuras del sistema.

En 1882 Eugenio Cambaceres publica Potpourri, en cuyo capítulo VI leemos el primero de los cuatro actos de la "farsa política" que según el autor "condensa el ideal de nuestra republicana existencia":

"Escándalo mayúsculo disfrazado de elección popular en que vota todo el mundo, es decir, todos los criollos habidos y por haber, aun los difuntos, que, desde el hoyo donde se pudren en la Recoleta o en la Chacarita, suelen mojar prestando el contingente de su nombre y de su voto.

"Para ello, basta que el bolsillo del jefe del grupo o caudillo de parroquia se halle provisto de una boleta de inscripción en el Registro Cívico a nombre del postulante y que éste tenga papeleta de Guardia Nacional, aunque no tenga en qué caerse muerto y haya pasado su vida alternando entre la Penitenciaría, donde se paga el lujo de sus vicios tendido a la bartola por cuenta del país en un cuarto cómodo y ventilado, con sus horas de recreo en los jardines y sus buenas raciones de puchero, asado y pan amasado expresamente para él; los batallones de línea, de donde se alza con el santo y la limosna, como y cuando se le antoja, si no le cuadra el papel de defensor de la honra y de la dignidad nacional; los lupanares y las pulperías, en los que concluye de perfeccionar su educación republicana.


Compartir:


Página 13 de 31
 

Paginas: