El Comité - pág.2 - Folklore Argentino

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A diario pandilleros y chupandinos se enfrentan con violencia en las calles, en los teatros y en los cafés, si bien, como es previsible, los elementos gubernistas cuentan con la impunidad más absoluta.

Abundan, en este sentido, las denuncias sobre casas de reformistas baleadas o apedreadas en pleno día por elementos liberales, a los que ampara la policía de Cayetano Cazón, y en las páginas de La Reforma se habla cotidianamente de "la mazorca de Mitre", integrada por activistas del Club Libertad y de la misma policía.

El 3 de mayo, como natural consecuencia de este escándalo, es elegido en Buenos Aires el liberal Valentín Alsina.

Veamos dos interesantes testimonios sobre estos episodios. El primero es la carta que Sarmiento, líder del sector conservador del Partido Liberal, le escribe a Domingo de Oro:

"Nuestra base de operaciones ha consistido en la audacia y el terror, que empleados hábilmente han dado este resultado admirable... Establecimos en varios puntos depósitos de armas y municiones, pusimos en cada parroquia cantones con gente armada, encarcelamos como unos veinte extranjeros complicados en una supuesta conspiración; algunas bandas de soldados armados recorrían de noche las calles de la ciudad, acuchillando y persiguiendo a los mazorqueros; en fin, fue tal el terror que sembramos entre toda esta gente, con éstos y otros medios, que el día 29 triunfamos sin oposición...

El miedo es una enfermedad endémica en este pueblo; ésta es la gran palanca con que siempre se gobernará a los porteños; manejada hábilmente, producirá infaliblemente los mejores resultados."

El otro testimonio es el discurso que el 17 de diciembre de 1891 dice el senador Rafael Hernández:

"Todos recuerdan, y a los que no lo recuerdan se lo voy a recordar ahora, cómo se hacían las elecciones allá por los años 57 y 59, hasta que llegó la época «luctuosa», en Buenos Aires; cómo fue que el Partido Reformista, llamado por ironía Chupandino, se levantó, teniendo a su frente al distinguido publicista Nicolás A. Calvo, quien enseñaba a los jóvenes lo que era una verdadera constitución federal, contra los que para mantener su predominio prostituían ese nombre haciéndolo sinónimo de crimen. ¡Cómo, levantando la bandera de la constitución federal, nos enseñaba estos sanos principios que nos rigen hoy en la República!

"¿Y sabe el señor presidente cómo fue que se nos ganó dos elecciones entonces? Como se habían ganado y se ganaron después.

"Entonces no había registros cívicos, padrones, como hoy; cada elector daba su nombre, y a falta de uno y otro se tomaban los almanaques y se copiaban los nombres, llenándose enormes cantidades de pliegos para que las cámaras partidarias y exclusivistas aprobasen las sarcásticas elecciones.

"Puedo mostrar en un libro de sesiones de la Cámara de Diputados unas textuales palabras del entonces diputado doctor Mariano Varela, que decía que para salvar las instituciones en tal época había sido preciso que se hicieran tantos fraudes que «cada una de nuestras casas se había convertido en un verdadero taller de votos falsos».

"Esa era la verdad; y así aparecían aquellos nombres grotescos y ridículos que ha conservado la tradición de Benito Cámelas, Felipe Lotas, Serapio Joso y otros más extravagantes... cuando menos."

3.El Nacimiento de una Candidatura

Como ya lo han señalado numerosos autores, el liberalismo mitrista es el iniciador -o por lo menos uno de los más conspicuos sostenedores- de ese estilo violento y desnaturalizado de nuestra política, cuyo único objetivo era la conservación indefinida del poder en manos de una minoría claramente identificable.

El Comité

"El movimiento de la opinión." Caras y Caretas, 1902.


En La Gran Aldea, Lucio V. López ha descripto la operación privada y recoleta -típicamente élitista- que suponía por entonces la gestación de una candidatura, antes de ser lanzada a la red de clubes que debían sostenerla a sangre y fuego en las calles y en los atrios comiciales.

En este cuadro, en clave bastante transparente, aparecen también las figuras y los figurones del momento. Estamos, aproximadamente, en 1861, en el Buenos Aires "patriota, sencillo, semitendero, semicurial y semialdea":

"En vida de mi tía, su casa era uno de los centros más concurridos por todas las grandes personalidades, y en ella se adoptaban las resoluciones trascendentales de sus directores.

Los grandes planes que debían imponerse al comité, para que éste los impusiese al público, salían de allí, y en su elaboración tomaban parte las cabezas supremas, que deliberaban como una especie de estado mayor, sin que los jefes subalternos tomasen parte en las discusiones.

Lo más curioso era que aquella gran cofradía creía, o estaba empeñada en hacer creer, que era el partido quien concebía los profundos programas electorales, y la verdad era que el gran partido solía convertirse en un ser tan pasivo como los ídolos asirios, que aterraban o entusiasmaban a las muchedumbres según el humor del gran sacerdote que gobernaba los resortes ocultos de la deidad.

"Tenían aquellas reuniones un colorido particular, y más de una vez fui espectador de las escenas que se producían entre sus altos y profundos augures.

Mi tía no estaba quieta un solo instante; salía y entraba a la sala en que se congregaban sus correligionarios, atendía a una que otra visita íntima del barrio en las habitaciones interiores, y volvía de nuevo por un instante a seguir el hilo de los debates y peroraciones que tenían lugar.

"Una noche próxima al día de una elección, según creo, se reunieron en casa de mis tíos aquellos hombres que yo consideraba providenciales.


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