El Caracter Porteño - pág.21 - Folklore Argentino

--20210910 3327 Visitas

Hay un carácter porteño. Está hecho con los mil y un ingredientes que durante medio milenio aportaron los aventureros descubridores, los criollos que fundaron lo argentino, los inmigrantes que aquí vinieron a sentar sus reales y, en fin, por los muchos hombres de buena voluntad que quisieron poblar este suelo. De tal entrevero de nacionalidades, lenguas y culturas surgió un hombre diferente, personaje típico de nuestra “gran ciudad”, cuyos rasgos de carácter fundamentales conforman la personalidad del porteño.
  1. El carácter porteño anterior a 1940. Historia y arte.
  2. El mito de “El hombre que está solo y espera”.
  3. Hispanidad, criolledad y europeísmo en el carácter porteño. Desarraigo
  4. Orígenes populares, cosmopolitas y mercantilistas de Buenos Aires. Abundancia general.
  5. Ganar mucho y pronto. En pos del éxito.
  6. Improvisación. Agitación. Audacia. Desubicación. Resentimiento.
  7. Inurbanidad. Evolución de la guaranguería.
  8. Certidumbre de fe en un futuro providencial.
  9. Envanecimiento. Vida cómoda.
  10. Erotismo. Soledad.
  11. Emotividad. "Pálpito”. Gana.
  12. "Viveza”. Confianza en el azar. Entusiasmo.
  13. Buenos Aires, puerto privilegiado, porteño malcriado. Insatisfacción
  14. Apariencia de superioridad. Figuración. Doctorismo.
  15. Representación. Inseguridad. Susceptibilidad. Temor a caer en la ridiculez.
  16. Uniformidad. Vida defensiva. ¿Tristeza?.
  17. Vida exterior. Falta de “seriedad”. Inautenticidad.
  18. Imitación. Caricatura.
  19. En pos del ser porteño.
  20. Individualismo. Amistad. Incultura cívica.
  21. Personalismo político. Estado providencial.
  22. Aproximación al porteño de hoy.
  23. Conclusión.
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Uno de los personajes de la excelente pieza El vuelo nupcial -estrenada el año 1916- opina lo siguiente: "Entre la gente que se agita en las aceras de los bancos y la que se pasea por Palermo o se la ve en cualquier fiesta, no se nota otra diferencia que una mayor elegancia en el vestir: la tristeza es igual... "

Un personaje extranjero de la comedia Mauricio Norton, de Belisario Roldan, estrenada el año 1919, dícele a un niño bien: "Usted es un calavera triste, como casi todos los de este país... Usted no sabe reír... Usted no se divierte...

Diez años más tarde H. Keyserling habría de difundir universalmente el estribillo de la "tristeza argentina", recogido por otros observadores extranjeros, admirados de "la seriedad del aspecto de los argentinos mientras se divertían... " (108)

Las diversiones tenían un propósito utilitario: se iba a una fiesta para comer; se concurría a un baile para "florearse" o para "pescar un programa"; se pasaba un rato en un cabaret para "cachar a algún gil"; se trasladaba a Mar del Plata para ganar en la ruleta...

Hemos señalado, por nuestra parte, las causas que contribuían a volver difícil la comunicación en el Buenos Aires de la época aluvial, integrado por individuos impacientes por alcanzar bienes económicos y con escasa afición a los valores espirituales.

Resumámoslas aquí: la soberanía de la gana -de la vida soportada en vez de querida-; las represiones de los sentimientos; la vanidad de figurar; la atención puesta en el "papel" y el temor a "desentonar" y de caer en la ridiculez; la inseguridad interior; la "caza del peso" y la suspicacia recelosa por el miedo de perderlo; la insatisfacción frente a lo que se quisiera ser y tener; el abandono a la suerte y la envidia y el resentimiento contra los que han tenido más fortuna que uno; las pérdidas en los negocios, en los hipódromos y en las mesas de juego: la nostalgia del viejo porteño y del hombre de las brillas por el Buenos Aires de antaño, y las añoranzas de los inmigrantes por la patria lejana magnificadas por los sinsabores y los desengaños; la huida de la realidad cotidiana y del yo por la senda del sentimentalismo quejoso o del desquite por medio de la cachada rencorosa y cruel...

El bandoneón incorporado a las orquestas de tangos fue el intérprete quejumbroso del alma porteña bajo la tristeza de los sentimientos indicados.

Referencias:

(101) Jorge Luis Borges: Discusión, pág. 24. V. asimismo Manuel Gálvez: Hombres en soledad, pág. 24.
(102) Manuel Gálvez: Hombres en soledad, pág. 135.
(103) Germán Vega: Buenos Aires hace cincuenta años, Buenos Aires, 1924, pág, 90.
(104) José Ortega y Gasset: El espectador, t. Vil, pág. 228. Ezequiel Martínez Estrada: Radiografía de la pampa, t. II, pág. 81.
(105) Homero M. Guglielmini: Temas existen-dales, págs. 64 y 65.
(106) Carlos Octavio Bunge: Nuestra América, reedición, Madrid, 1926, pág. 195 y ss.
(107) Santiago Rusiñol: op. cit., págs. 182 y 183.
(108) Declaraciones de la periodista Lila W. Davis en La Razón, de noviembre de 1927. Opiniones de John W. White, corresponsal del New York Times vertidas en Argentina, the portrait of a Nation y comentadas en el diario La Prensa, del 3 de setiembre de 1942.
V. asimismo Manuel Gálvez: "La tristeza de los argentinos", en La Nación, Buenos Aires, 1 de enero de 1933.

17.Vida exterior. Falta de "seriedad". Inautenticidad.

El vivir por los sentidos y para ellos -el concepto hedonista y utilitario de la existencia-, así como la atención a la exterioridad de las personas y de las cosas; la norma de no meterse en honduras ni de "hacerse mala sangre por nada"; la carencia de poderosa vida interior y el desdén por los valores desinteresados, convirtieron al porteño común en un ser leve, epidérmico, inespiritual.

El caracter porteño

Mimbrero ambulante. 1970.

"Almas vacías", buscaban el placer corriente y la cultura fácil. Buenos Aires era la ciudad de "grandes lectores", de gente que quería "pasar por enterada". Frente a una minoría bien informada, la mayoría apenas sabía lo indispensable para el desempeño de la actividad propia y se convertía en consumidor de periódicos ilustrados y de diarios resumidos que le permitieran "pensar con la cabeza de los demás".

Si el negocio de los editores de libros era poco atrayente, el de revistas resultó estupendo: allá por el año 1940 más de un millón de ellas salieron mensualmente de las prensas de Buenos Aires. (109) Publicidad en fin, para "almas mediocres", como había anunciado José Ingenieros treinta años antes."(110)

Por otra parte, los egresados universitarios raramente profundizaban los temas de cultura general estudiados en el ciclo de enseñanza secundaria. Médicos, abogados, ingenieros, profesores, vivían entregados a la especialización o a la rutina profesional, alejados de las ideas generales y de la visión de las cosas sub specie aeternitatis.

La costumbre de tomar en broma los conocimientos serios -manifestación ingeniosa y cómoda de la superficialidad- resultó un expediente fácil para "salir del paso" sin necesidad de estudiar ni de comprometer opinión.

"Hacer humorismo significa en esencia" -decía entre nosotros Arturo Cancela- "rehuir el compromiso de problemas fundamentales y optar por la cómoda salida de un rodeo o de un subterfugio... "

El caracter porteño

Un fotógrafo ambulante. 1970.

Un personaje de la recordada novela de Manuel Gálvez "Hombres en soledad", transcribía el juicio de un extranjero ilustre que había frecuentado los clubes aristocráticos porteños: "Durante dos semanas he tratado diariamente a los hombres más distinguidos de Buenos Aires. Muy simpáticos, muy finos, muy bien vestidos. .. pero al cabo de ocho días no hay de qué hablar con ellos.


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