El Caracter Porteño - pág.6 - Folklore Argentino

--20210910 3324 Visitas

Hay un carácter porteño. Está hecho con los mil y un ingredientes que durante medio milenio aportaron los aventureros descubridores, los criollos que fundaron lo argentino, los inmigrantes que aquí vinieron a sentar sus reales y, en fin, por los muchos hombres de buena voluntad que quisieron poblar este suelo. De tal entrevero de nacionalidades, lenguas y culturas surgió un hombre diferente, personaje típico de nuestra “gran ciudad”, cuyos rasgos de carácter fundamentales conforman la personalidad del porteño.
  1. El carácter porteño anterior a 1940. Historia y arte.
  2. El mito de “El hombre que está solo y espera”.
  3. Hispanidad, criolledad y europeísmo en el carácter porteño. Desarraigo
  4. Orígenes populares, cosmopolitas y mercantilistas de Buenos Aires. Abundancia general.
  5. Ganar mucho y pronto. En pos del éxito.
  6. Improvisación. Agitación. Audacia. Desubicación. Resentimiento.
  7. Inurbanidad. Evolución de la guaranguería.
  8. Certidumbre de fe en un futuro providencial.
  9. Envanecimiento. Vida cómoda.
  10. Erotismo. Soledad.
  11. Emotividad. "Pálpito”. Gana.
  12. "Viveza”. Confianza en el azar. Entusiasmo.
  13. Buenos Aires, puerto privilegiado, porteño malcriado. Insatisfacción
  14. Apariencia de superioridad. Figuración. Doctorismo.
  15. Representación. Inseguridad. Susceptibilidad. Temor a caer en la ridiculez.
  16. Uniformidad. Vida defensiva. ¿Tristeza?.
  17. Vida exterior. Falta de “seriedad”. Inautenticidad.
  18. Imitación. Caricatura.
  19. En pos del ser porteño.
  20. Individualismo. Amistad. Incultura cívica.
  21. Personalismo político. Estado providencial.
  22. Aproximación al porteño de hoy.
  23. Conclusión.
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Se apoderó de todos la fiebre de la especulación. El ya citado Jules Huret consideró la práctica de los remates como "la institución, acaso, más pintoresca de la Argentina"; y describe con fino humorismo el desarrollo de algunas subastas de tierras con despliegue de trenes especiales gratuitos, bandas de música y obsequio de meriendas y de bebidas...(17)

Los martilleros agregaron a las ventas de campos y de terrenos urbanos, las subastas de "lotitos edificados" suburbanos: simulacros de viviendas construidas con materiales y restos de demoliciones, disimulados bajo apariencias de modernidad...(18)

A fines del siglo XIX y principios del XX, el país era un cuerno de oro en el que él dinero corría a raudales.

En las esferas superiores, los valores tradicionales del caballero patricio -riqueza, poder, patria, honor- fueron cediendo el lugar al espíritu burgués que estimaba el caudal pecuniario como la única finalidad de la existencia.
En las demás clases sociales el "tanto tienes, tanto vales" se convirtió en axioma.

El porteño medio sabía que para significar algo era necesario "tener plata": lograr el éxito convertible en pesos moneda nacional.
Se podía llegar por medios fáciles o engorrosos: por el esfuerzo tenaz o por la viveza y las "influencias". La meta variaba según la naturaleza y las ambiciones del postulante.
Las circunstancias determinaban, empero, que quien había soñado con volverse millonario de la noche a la mañana, estimase que "estaba llegando" cuando obtenía un puesto en la Administración Pública.

En general se decía que alguien "había llegado" cuando compraba un auto... se casaba con una rica... o "salía en los diarios" en un reportaje con fotografías, según la opinión de un distinguido observador porteño."

La sagacidad egoísta del italiano, la mansedumbre codiciosa del gallego, la previsión connatural del israelita, apuntaron al logro de bienes materiales y reforzaron el ambiente lucrador de Buenos Aires.

El afán de "abrirse camino" no dio tiempo a la mayoría de los inmigrantes para dedicarlo al goce de las cosas inútiles. En los hogares en los que criaban a sus hijos argentinos habían predominado los valores económicos.

Los padres querían que los descendientes fuesen mejores; y eligieron para ellos lá labor técnica o universitaria que pagara con creces el rédito del capital invertido en la obtención del título habilitante.

Durante la segunda década del siglo XX, el diploma de médico daba derecho, entre los judíos, a una novia con úna dote de cincuenta mil pesos; el de abogado, a una de veinticinco mil...(20)

El placer intelectual y las cualidades de orden superior no eran apreciados si no iban acompañados de rendimientos pecuniarios o mundanos. Todo valor ajeno a la consecución de la riqueza pasó a ser poco menos que absurdo: "el que sabe y no aprovecha es un chiflado y un pobre diablo..."
Todo debía "rendir": toma y daca.

La Argentina, país de conquista, raramente conoció al viajero que llegara a su capital con fines desinteresados. Porque, como vio Ortega y Gasset, "se puede ir a la Argentina para todo con tal que no sea para nada..."(21)

Un terapeuta frustrado de la realidad nacional opinaba allá por el año 1930: "Diríase que al crearse su concepto de la felicidad el argentino ha excluido de él cuanto signifique valor espiritual o moral..."(22)

El tango popular expresó con cinismo la estimativa utilitaria del porteño de esa época:

"Billetes, siempre billetes,
lo demás son firuletes,
esa es la pura verdad.
........................
De qué vale que seas bueno,
para qué sirve el honor...
si te faltan los billetes
no te dan ningún valor".(23)

Referencias:
(10) Alejandro Korn: Influencias filosóficas en la evolución nacional. Buenos Aires, Claridad, pág. 175.
(11) Ismael Bucich Escobar: Buenos Aíres, ciudad, Buenos Aires, Tor, pág. 231.
(12) Carlos María Ocantos: Promisión, Buenos Aires, 1914, pág. 22.
(13) Luis M. Albamente: Puerto América, Ala, pág. 77.
(14) Adolfo Posada: La República Argentina, Madrid, 1912, pág. 16.
(15) Jules Huret: La Argentina; de Buenos Arres al Chaco, trad, española, París, pág. 68.
(16) Santiago Rusiñol: Un viaje al Plata, trad, española, Madrid, 1911, pág. 91.
(17) Jules Huret: op. cit., pág. 595. V. asimismo Francisco Grandmontaigne: Los inmigrantes prósperos, Madrid, 1944, págs. 277 y ss.
(18) Luis Pascarella: El conventillo, Buenos Aires, 1918, pág. 15.
(19) Florencio Escardó (Juan de Garay): Cosas de argentinos, Buenos Aires, 1939, página 91.
(20) Julio Fingerit: Mercedes, Buenos Aires, 1926, pág. 17.
(21) José Ortega y Gasset: El espectador, t. Vil, Madrid, 1929, pág. 210.
(22) Manuel Gálvez: Este pueblo necesita..., Buenos Aires, 1934; pág. 42.
(23) Billetes, tango de Sebastián Plana con letra de Tomás Simari.

6.Improvisación. Agitación. Audacia. Desubicación. Resentimiento.

La estupenda era de progreso convirtió al Estado en un ente poroso cuyos huecos era preciso llenar. Las iniciativas oficíales requerían hombres hábiles; y como estos eran pocos, se vieron obligados a improvisarse como economistas y técnicos para compensar la ineptitud de los más.

Los hijos de las familias patricias se sintieron responsables del destino de la Nación y dispersaron su energía y su talento en cargos de toda índole.

Eduardo Wilde, médico, brilló como ministro del Interior; abogados como Lucio Vicente López, Cané, Cambaceres, Goyena, Vicente Gallo... se desempeñaron como periodistas, embajadores, parlamentarios, banqueros.

Para cubrir los vacíos de los organismos culturales se improvisaron artistas, literatos, profesores... En Europa se fundaba una universidad cuando sobraban los hombres aptos para ocupar las cátedras; aquí las cátedras surgían antes que las personas preparadas para dictarlas.

El caracter porteño

El organillero en el teatro chinesco. Archivo General de la Nación.

En un medio en el que todo estaba haciéndose rápidamente y en el que se gozaba de amplia libertad para trabajar, todos se sintieron aptos y con derecho a atreverse a todo.


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