El Caracter Porteño - Folklore Argentino

10-09-2021 1365 Visitas

Hay un carácter porteño. Está hecho con los mil y un ingredientes que durante medio milenio aportaron los aventureros descubridores, los criollos que fundaron lo argentino, los inmigrantes que aquí vinieron a sentar sus reales y, en fin, por los muchos hombres de buena voluntad que quisieron poblar este suelo. De tal entrevero de nacionalidades, lenguas y culturas surgió un hombre diferente, personaje típico de nuestra “gran ciudad”, cuyos rasgos de carácter fundamentales conforman la personalidad del porteño.
  1. El carácter porteño anterior a 1940. Historia y arte.
  2. El mito de “El hombre que está solo y espera”.
  3. Hispanidad, criolledad y europeísmo en el carácter porteño. Desarraigo
  4. Orígenes populares, cosmopolitas y mercantilistas de Buenos Aires. Abundancia general.
  5. Ganar mucho y pronto. En pos del éxito.
  6. Improvisación. Agitación. Audacia. Desubicación. Resentimiento.
  7. Inurbanidad. Evolución de la guaranguería.
  8. Certidumbre de fe en un futuro providencial.
  9. Envanecimiento. Vida cómoda.
  10. Erotismo. Soledad.
  11. Emotividad. "Pálpito”. Gana.
  12. "Viveza”. Confianza en el azar. Entusiasmo.
  13. Buenos Aires, puerto privilegiado, porteño malcriado. Insatisfacción
  14. Apariencia de superioridad. Figuración. Doctorismo.
  15. Representación. Inseguridad. Susceptibilidad. Temor a caer en la ridiculez.
  16. Uniformidad. Vida defensiva. ¿Tristeza?.
  17. Vida exterior. Falta de “seriedad”. Inautenticidad.
  18. Imitación. Caricatura.
  19. En pos del ser porteño.
  20. Individualismo. Amistad. Incultura cívica.
  21. Personalismo político. Estado providencial.
  22. Aproximación al porteño de hoy.
  23. Conclusión.
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1.El carácter porteño anterior a 1940. Historia y arte.

El caracter porteño

Plaza Constitución, Buenos Aires, 1870.

Un pueblo no está simplemente compuesto por la masa social sino por el espíritu de la comunidad en su existencia habitual a lo largo de su historia.

La raza, el medio geográfico, el clima, la alimentación, el idioma, los sentimientos, las creencias, los ideales, los intereses y las rutinas -es decir; los factores étnicos, físicos, económicos y culturales- crean en la colectividad una memoria y conducta que, por herencia, por imitación, por educación, otorga al hombre medio -a la gente- un aire de uniformidad y de parentesco reconocible por el observador común.

La mente de los hombres gira alrededor de lo que les parece preferentemente valioso; por ello, la manera más segura de llegar a conocer el modo de ser de una persona o de un grupo social consiste en notar qué lo mueve con mayor vigor, qué estima como más importante en la itida. La cultura de los pueblos tiende a la realización de valores preferenciales; y ella nos ofrece la clave del carácter y del destino de esos mismos pueblos.

Si es tarea difícil explorar lo anímico en el propio yo, más arduo resulta percibirlo e interpretarlo en una comunidad inmensa. En punto a psicología colectiva es preciso agregar al método de observación indirecta (preferentemente histórica) cierta dosis de arte, de adivinación,´semejante a la empleada por el poeta, el novelista o el dramaturgo.

Las piezas teatrales vienen en auxilio del investigador del carácter de un pueblo, sobre todo aquellas que no demuestran "tesis" sino que presentan tipos, ambientes y temas corrientes del medio social estudiado. El buen comediógrafo no siempre inventa ficciones: generalmente descubre realidades que el instinto popular sospecha pero al que no le es dado percibir con claridad y plenitud.

Esas realidades, al volverse manifiestas en el drama o en la comedia, se difunden en la comunidad de manera tal que contribuyen a conformar, a su vez el carácter colectivo, a corregir sus defectos y a "regenerar las costumbres", como opinaba Sarmiento.

Un teatro nacional -en donde el ciudadano ve reflejada la integridad de su alma y de su estilo peculiar de vida- requiere un pueblo amalgamado en un plasma único, con características propias y distintas. El siglo y medio de vida independiente de nuestro país nos concede solamente un nivel de pueblo en formación. Sin embargo, pueblo y teatro presentan una fisonomía particular que nos distingue de los hermanos de América, aun cuando nuestro ser social guste de las apariencias y viva a menudo de imitaciones.

Hemos de recurrir, pues, a nuestros psicosociólogos, a nuestros comediógrafos y a nuestros poetas populares para desentrañar la modalidad porteña, sin olvidar la dosis de inevitable error proveniente de la "ecuación personal" de los autores. Por nuestra parte, intentamos proceder con la mayor objetividad posible. No olvidamos que el principio de la sabiduría consiste en no estimar como verdad lo que no pasa de ser opinión; y procuramos ver en las cosas lo que hay realmente y no lo que nuestros deseos esperan encontrar en ellas.

El caracter porteño

El caracter porteño

Puerto de Buenos Aires, 1870.

Por su situación geográfica, por su condición de puerto principal de importación y exportación de la riqueza general del país, por su jerarquía política, y por su importancia económica y cultural, Buenos Aires fue históricamente la "hermana mayor" de las provincias del Río de la Plata y la capital insustituible de la Nación.

Europeísta y renovadora, defendió con orgullo y saña sus privilegios, su hegemonía y su aduana. Trató de gobernar autocrática y "unitariamente" al resto del país que, por cierto, comenzaba en sus propios arrabales y cuyo pueblo, semiletrado y semigauchesco, se mantenía fiel a la tierra, al alma indolente y tradicionalista criolla, a las estructuras feudales heredadas de los tiempos de la Colonia y del Virreinato.

De la intrincada combinación de esos elementos antagónicos -urbe y pampa- en un ambiente cosmopolita, de clima benigno, de abundancia y prosperidad económica, se fue formando el carácter porteño, cuyo examen e interpretación constituye el objeto de este ensayo.

2.El mito de "El hombre que está solo y espera".

El Buenos Aires europeizado después de 1880 e invadido por una creciente marea inmigratoria habría sido una Babilonia si no hubieran existido los arrabales criollos que la circundaban. Los políticos y sociólogos de entonces, alarmados por el temor de que la?invasión destruyese las.raíces de la argentinidad, desconocieron el poder asimilador del plasma hispano-criollo subyacente en el país.

El caracter porteño

Mercado Spinetto, Ciudad de Buenos Aires, 1895.

El ambiente conservador suburbano y la instrucción argentinista impartida por las escuelas primarias no solo emanciparon a los hijos de los hábitos de los hogares extranjeros sino que los situaron por encima de los padres, que generalmente eran analfabetos y desconocían o no dominaban la lengua castellana y las costumbres de los nativos.

Domingo F. Sarmiento: "El teatro como elemento de cultura", artículo reproducido en el Boletín de Estudios de Teatro Nro 3, del Instituto Nacional de Estudios de Teatro, Buenos Aíres, 1943.

El hijo de inmigrantes nacido en Buenos Aires ansiaba sumarse a la argentinidad y sentirse ciudadano "como el que más". ¿Dónde encontrar el arquetipo del porteño genuino y perfecto? No lo hallaba en el centro, remedo de las capitales europeas. ¿En las pampas, tal vez? Sí... pero estaban lejos y solo conocía al gaucho legendario y al paisano corriente a través de los dramas camperos representados en circos y teatros de la ciudad.


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