El Conventillo - pág.13 - Folklore Argentino

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Las imágenes del conventillo dominaron toda una época de nuestra historia urbana. Nacido a mediados del siglo XIX, tuvo su edad de oro en la década de 1880, como contracara miserable y calamitosa de la prosperidad que creimos inaugurar por esos años. Negocio lucrativo para muchos, marcó con sus estigmas a varias generaciones de inmigrantes y criollos y terminó por entrar -a través de la mitología, del tango y del sainete- en la leyenda de la ciudad.
  1. Prehistoria del conventillo
  2. El aporte inmigratorio
  3. "...Una especie de gusanera"
  4. La "época de oro" del conventillo
  5. Rawson se ocupa de los conventillos
  6. La literatura del conventillo
  7. El problema de íos alquileres
  8. La huelga de inquilinos
  9. "Cuatro en una pieza"
  10. La profesión del señor Sartorius
  11. El nombre de la mugre
  12. Tiempos viejos
  13. Integración y querella
  14. Eros conventillero
  15. Palomas y gavilanes
  16. El conventillo opina
  17. Tiempo de sainete
  18. El tiempo del tango
  19. Otra vez literatura
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¿A qué parte del mondo se entiéndono como acá: catalane co españole, andaluce co madrileño, napoletano co genovese, romañolo co calabrese? A nenguna parte. Este e no paraíso. Ese na jauja. ¡Ne queremo todo! (Abrazándolo.)

¿Verdá, otomano? ... Eso que dicen que turco e taliano so como perro e gato, maccanéano. (Teniéndolo estrechamente.) Mira un poco (El turco sigue triste, frió, no se levanta de su silla.) Ne tenemo afecto, cariño puro, sincero amore. (Parece que se va a fotografiar.)

"PEPPINÓ.- (A Sara.) ¡Qué labia tiene mi viejo!... Si se queda en Italia se lo traga a Orlando. (Siguen en voz baja sus arrumacos.)"

Difícil, precaria, inestable armonía, sin embargo, que habitualmente perturbaban los prejuicios étnicos y nacionales en el hervidero cosmopolita de los patios conventilleros.

Félix Lima ha captado uno de estos momen tos de quiebra en "Lo ha dicho l?Aquensia Stefani", cuadrito incluido en su libro Pedrin (1923), que retrata con previsible fidelidad las peloteras entre italianos y "turcos" durante la guerra de Tripolitania.

"En el hall de un conventillo empotrado en la zona ítalo-turca de la calle Reconquista. A la hora vespertina en que los inquilinos hacen "un puquito di pulítica ternacional".

-Siga liyendo l´otros tilegramitas dil diarios, osté que sabe de ler.
-¡Deseguido, Scopetta! "Roma, due.
-L?aquensia Stefani dis... dismiente il..: il romor dil vara... varamiento dil incrociatore ´Pisa´ in la costa tripolitanias".

-¡Craro! ¡Macanita di lo turco qui li mandan a l?inglés di lo diario d?lnglatera! ¡Ya verán come ¡I ducca degli Abruzzi foguétea cun l´iscoadra tomañas! ¡Ne para impisar cun lo bastimento dil nostro "Vittorio Emanuele"! ¿Vamo a l?armacín a fistecar il trionfos, compatriotas? ...
E... vamo.

Scopetta Duilio, "artillero" de la municipalidad -maniobra de noche- y Benincasa Ercole, infante de la misma -primo regimentó di barendieri- se dirigieron en tren de demostración aguardentosa a la copistería dé la esquina. Pero antes de anclar avistaron el cajoncito de Abraham Miguel, vecino de cotorro. Y Scopetta se le fue al abordaje.

-¡Trionfo in toda la líneas! Tre turpidiero di ostedes a piques... lo grando piróscafo di ostede ogualmente a piques... la bandiera tricolore incima di Trípoli... coatro patachún cun mélicos di ostede también a piques...

¡Se acabó la Turquías!

-Tudo eso istá ¡a vinte, a vinte!

-¡Altro qui a venti! ... ¡A coaranta curpe di cañunata per minutos! ¡Fogueteamo cun ostede!

-Atienda qui voy disir yo: Turquía tiene tanto soldado como Alamania qui también Alamania inseñó pitear soldado turco a la última moda.
¡Ouí vaya la gracia! Italia tira pique barco nosotro istá barco chico, piro Turquía más una dolor cabesa Italia pir la tierra. Si quieres más noticia soldado turco prigunta cómo fue la pilea con la Rusia.
¿Y la barco grande italiano qui fue pique la costa Trípoli? . . ¿Ouí desir osté, sañur, a eso? ...

-¡Macanita qui ostede li mandan a l?inglés de lo diario inglés!

-¡Diario "Assalán" dise cierto eso pique barco grande italiano, señor!

-¡Ma cáyese in poco, torquito di pacotiyas! ... L?aquensia Stefani no va disirina cosa per otras, ¿sabe? ...
-"Assalán" dise cierto.

-¡Gropitos, dun Mequele, gropitos... ¿E la so hica... agora... cun cuesto dirotamiento... sará mía ante di due cuindichena? ... So foturo yernos istá taliano, ma... ¡di almas turquitas per eyas!

-¡Hija mía no casa italiano! ¡Antes va calle vindiendo baine, baineta, y curasón santa Jisocristo!

-¡Sará mía como Trípoli sará d´ltalia! -rugió Scopetta "vencitore".

-¡No tiene miedo esa paradas! ¡Si quieres algo viene fuera!

Ruptura de narices e intervención de las potencias extranjeras (representadas por un chafe).

En la comisaría 1ra.

-¿Y éstos, agente, por qué me los pasa? -averiguó el auxiliar de guardia.

-Cosas de atualidá, señor. Resulta qu´este italiano se quiso hacer perdis con la Tripólitania...

-¿Del turco?

-No, señor, de la hija del turco."

Eros Conventillero

La comentada promiscuidad del conventillo, con la dilución consiguiente de fronteras y límites entre sexos, edades y personas, tuvo sus secuelas previsibles en el terreno de las relaciones afectivas y sexuales.

El Conventillo

Vista de una "villa miseria". Archivo General de la Nación.

La vida en común, el "pegoteo" constante de los cuerpos, que se imbrincan y complican a cada paso en la recargadá trama del patio y de la pieza; lo entrevisto o escuchado, esa eterna disponibilidad, en suma, que estimula la carencia de un recinto privado, de un marco de intimidad, no tardaron en producir sus efectos. El Eros del conventillo saltó por encima de las barreras del prejuicio y entabló, sin demasiadas complicaciones, su celestinaje mitológico.

Juan Palazzo retrató en "El castigo", uno de los relatos de La casa por dentro (1921), |a iniciación de la muchachea y el desenfado sexual del conventillo:

"Nina era fea, petiza, rechoncha. Tenía cabellera abundante y pecas en la cara, dientes anchos y nariz gruesa. ojeras pálidas y ojos cargados de malicia, de deseo.

Chapurreaba un francés callejero y festivo y conocía ciertas casas de huéspedes en las que hombres y mujeres fuman, charlan, gritan, beben. La madre la solía llevar para los trasiegos de la cocina, evitando en esa forma la promiscuidad, ya que la niña gustaba ir a los biógrafos, jugar a la rayuela con gente de pantalones, tocar el timbre de las puertas señoriales y, en ausencia del portero, subir en ascensor hasta el último piso. Y claro, en esos sitios aprendía otras cosas.

La niña sonreía a los pensionistas como pudiera hacerlo la más experta ramera, leía almanaques prohibidos y cantaba coplas picarescas. Pero el encierro duró poco. Un hombre de la casa le había ofrecido dinero, y como Nina desconocía el arte de rehusar a tiempo, lo aceptó muerta de risa; A una indicación penetró en el cuarto, siempre riéndose. Al salir, gemía dolorosamente, contrayendo los labios, oprimiendo los puños y echando el torso hacia atrás...

"La madre llegó a su lado.

"-Mamá; me caí. ¡Uf! ¡Uf!

"En realidad parecía hallarse en la situación de los que al dar un tropiezo caminan con lós tacos.

"Pero la madre se opuso a que en adelante la acompañara. Y quedó en casa. Desde entonces trató, buscó de soliviantar el peso de su imaginación febril.

Sus trece años imponían respeto y ninguno fijaba la atención en sus pantorrillas redondas, en sus labios gruesos, en sus senos abultados a fuerza de trapos, en su aire procaz y felino, lujurioso y arrogante de verdadero marimacho.


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