El Conventillo - pág.8 - Folklore Argentino

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Las imágenes del conventillo dominaron toda una época de nuestra historia urbana. Nacido a mediados del siglo XIX, tuvo su edad de oro en la década de 1880, como contracara miserable y calamitosa de la prosperidad que creimos inaugurar por esos años. Negocio lucrativo para muchos, marcó con sus estigmas a varias generaciones de inmigrantes y criollos y terminó por entrar -a través de la mitología, del tango y del sainete- en la leyenda de la ciudad.
  1. Prehistoria del conventillo
  2. El aporte inmigratorio
  3. "...Una especie de gusanera"
  4. La "época de oro" del conventillo
  5. Rawson se ocupa de los conventillos
  6. La literatura del conventillo
  7. El problema de íos alquileres
  8. La huelga de inquilinos
  9. "Cuatro en una pieza"
  10. La profesión del señor Sartorius
  11. El nombre de la mugre
  12. Tiempos viejos
  13. Integración y querella
  14. Eros conventillero
  15. Palomas y gavilanes
  16. El conventillo opina
  17. Tiempo de sainete
  18. El tiempo del tango
  19. Otra vez literatura
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La edificación no progresa lo suficiente para cubrir las necesidades de la avalancha inmigratoria, y esto hace que los alquileres sean cada día más elevados, y que para alquilar la más mísera vivienda sean necesarios una infinidad de requisitos. "Si a un matrimonio solo le es difícil hallar habitación, al que tiene hijos le es poco menos que imposible, y más imposible cuantos más hijos tiene.

De ahí que las más inmundas covachas encuentren con facilidad inquilinos, ya que Buenos Aires no es una población en la que sea dado andar eligiendo...

Desde muchos años atrás, esta formidable y casi insolucionable cuestión de las viviendas, había sido tema de batalla para los oradores de mitin.

Socialistas, anarquistas y hasta algunos políticos sin contingente electoral, habían en todo tiempo clamado contra la suba constante de los alquileres, excitando al pueblo, ora a la acción directa, ora a la electoral, según que el orador era un anarquista o tenía tendencias políticas...

Un buen día se supo que los vecinos de un conventillo habían resuelto no pagar el alquiler de sus viviendas en tanto que el propietario no les hiciese una rebaja. La resolución de esos inquilinos fue tomada a risa y a chacota por media población.

Pronto cesaron las bromas. De conventillo a conventillo se extendió rápidamente la idea de no pagar, y en pocos días la población proletaria en masa se adhirió a la huelga.

Las grandes casas de inquilinato se convirtieron en clubes. Los oradores populares surgían por todas partes arengando a los inquilinos y excitándolos a no pagar los alquileres y resistirse a los desalojos tenazmente.

"Se verificaban manifestaciones callejeras en todos los barrios sin que la policía pudiese impedirlas, y de pronto, con un espíritu de organización admirable, se constituyeron comités y subcomités en todas las secciones de la capital."

"Cuatro En Una Pieza"

Uno de los aspectos aludidos con mayor insistencia por los observadores de la época, es el hacinamiento y la promiscuidad en que se convive (b sobrevive) en el conventillo. Ya lo advierten en su momento Eduardo Wilde, Rawson, Gaché y Patroni, y es un tema inevitable en la pujante literatura de denuncia que cultivan los anarquistas.

El Conventillo

El Conventillo

"Escenas de conventillo", en la revista PBT, 1913.

El número 21 del Boletín que edita el Departamento Nacional del Trabajo -creado por Ley N? 8.999 del año 1912- nos ofrece una interesante radiografía del conventillo-tipo en 1912. Habitan en la casa 22 familias, que totalizan, contando 20 niños en edad escolar, la no desdeñable cifra de 118 personas.

El conventillo tiene 35 piezas, lo que arroja un promedio de 3,3 personas por cuarto. Los alquileres oscilan entre los $ 20 y $ 40, según el rango y amplitud de las piezas, dentro de la jerarquía que imponen en el conventillo los dos o tres patios que se enfilan desde la cancel hasta el fondo.

Entre los jefes de familia hay 11 italianos, 9 españoles, 1 suizo, 1 portugués, 1 montenegrino y 6 argentinos, y los oficios .predominantes son: zapateros, pintores, albañiles, electricistas, carpinteros, herreros, yeseros, mecánicos, cocheros, carboneros, foguistas, mosaístas y peones/no especializados.

En 1913 el Anuario Estadístico del Trabajo señala un índice de ocupación ligeramente superior: 3,7 personas por habitación sobre 1.000 familias investigadas, y hay que suponer que estas cifras oficiales tratan de encubrir decorosamente las evidencias de la realidad.

Cuatro años más tarde el Departamento del Trabajo encuentra al 88,4% de las familias obreras viviendo en una pieza, al 11,5% en dos piezas y al 0,1% en tres piezas.

En su Crónica mensual de 1920 el citado Departamento se expide de la siguiente manera al analizar una serie de 80 familias investigadas:

"Tenemos 13 casas en que los ocupantes de uña pieza son el matrimonio y un hijo; 10 casas en que aparece la pareja y dos hijos; pero también tenemos dos casas en que los habitantes de una sola pieza son el matrimonio y 8 hijos.

Una en que resulta con 9 hijos y dos familias que aparecen cada una con 10 hijos, respec-tivamente... La promiscuidad de sexos establece la siguiente relación: 264 varones y 215 mujeres que ocupan 80 piezas, lo que da un promedio de casi 6 personas por pieza.

De más está decir que en el componente de todas estas familias aparecen todas las edades, no siendo raro el caso en que figuran mujeres y varones de ,16, 18 y 20 años de edad... A esto debe agregarse que de las 80 piezas, 19 tienen puertas y ventanas, 14 puertas y banderolas y 47 solamente puertas, lo que implica que el 59% de esas habitaciones carece en absoluto de ventilación".

En 1926 Alejandro E. Bunge escribía en el Almanaque Social editado por la Unión Popular Católica Argentina:

"En la Argentina, la alimentación es de mejor calidad y más abundante que en cualquier país europeo; basta recordar que el consumo de pan (todo de primera calidad) alcanza a 167 kilos por habitante al año, el de carne a 90 kilos, el de azúcar a 27, el de leche a 83 litros, etc.

El vestido y el calzado, tanto del hombre como de la mujer, son también superiores a los que pueden costearse en muchos otros países.

Las escuelas, las lecturas, la música, el deporte, el teatro y demás factores culturales, van en constante desarrollo.

Solamente en un aspecto hay deficiencia en la forma de vida modesta en la Argentina: la vivienda.

Pero esta deficiencia no consiste en la mayor o menor escasez en ciertas partes de la República y en ciertos momentos, o en la mayor carestía. Consiste en una carestía permanente, de causas arraigadas, que supera los límites de toda contingencia; y de ahí resulta esa vivienda, tan reducida en espacio, que representa una constante amenaza para la salud de las familias modestas, un enemigo de los delicados sentimientos de pudor y de decencia, un elemento anulador de las bendiciones de la vida de hogar.

Y para no alargarnos en consideraciones que están en el corazón de todo argentino que ha estudiado el problema, diré en síntesis que la vida modesta sigue siendo en la Argentina una calamidad nacional."


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