El Conventillo - pág.7 - Folklore Argentino

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Las imágenes del conventillo dominaron toda una época de nuestra historia urbana. Nacido a mediados del siglo XIX, tuvo su edad de oro en la década de 1880, como contracara miserable y calamitosa de la prosperidad que creimos inaugurar por esos años. Negocio lucrativo para muchos, marcó con sus estigmas a varias generaciones de inmigrantes y criollos y terminó por entrar -a través de la mitología, del tango y del sainete- en la leyenda de la ciudad.
  1. Prehistoria del conventillo
  2. El aporte inmigratorio
  3. "...Una especie de gusanera"
  4. La "época de oro" del conventillo
  5. Rawson se ocupa de los conventillos
  6. La literatura del conventillo
  7. El problema de íos alquileres
  8. La huelga de inquilinos
  9. "Cuatro en una pieza"
  10. La profesión del señor Sartorius
  11. El nombre de la mugre
  12. Tiempos viejos
  13. Integración y querella
  14. Eros conventillero
  15. Palomas y gavilanes
  16. El conventillo opina
  17. Tiempo de sainete
  18. El tiempo del tango
  19. Otra vez literatura
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El Problema De Los Alquileres

En 1883 el alquiler promedio de una pieza de conventillo ascendía a $ 5,80, cifra que siete años después, a favor de la voracidad especuladora que caracteriza a la vida económica del 80, se duplicaba con creces.

El Conventillo

El comedor del Hotel de Inmigrantes. Archivo General de la Nación.

Para evaluar la incidencia de los alquileres en el presupuesto obrero debemos tener en cuenta que hacia 1886, sobre la base de datos confiables, el salario promedio de un obrero calificado era de $ 2,50, en tanto que la mano de obra no especializada -que constituía un porcentaje importante de la población activa- llegaba excepcionalmente a salarios de $ 2. En 1895 el primer sector alcanzaba los $ 3,50 y el segundo había crecido apenas proporcionalmente, mientras que los alquileres, en contraste con este parsimonioso incremento salarial, habían sobrepasado con generosidad la barrera del 100 %.

Para una visión más ajustada de las fluctuaciones del salario hay que tener en cuenta, como lo señalaba Adrián Patroni al referirse a la situación de la clase obrera en 1897, que el total real de días de labor era de 257 días, con lo cual el salario real descendía en aproximadamente un 10%. Teniendo en cuenta la desvalorización de la moneda entre 1880 y 1891 (332 %) José Pa-nettieri ha calculado, en su libro Los Trabajadores, un detérioro en pesos oro de orden de los 0,69 centavos y, entre 1885 y 1891, un deterioro de $ 1,14.

Veamos, de paso, las fluctuaciones de los alquileres en el lapso 1904-12 en cuatro parroquias representativas:

Parroquias 1904 1912
------------------------
San Cristóbal $13 $26-30
San Telmo $15 $28-32
Catedral Sur $18 $40
Socorro $16 $30-35

Hacia 1912, como podemos observar, la especulación había llevado los precios de locación a las nubes, y aunque se insistía en explicar este fenómeno á través de factores como el aumento de. los materiales, el precio de la tierra y los intermediarios parasitarios, los inquilinos de conventillos verificaban, cada mes, que la Argentina era uno de los países con alquileres más caros.

La Huelga De Inquilinos

El Conventillo

El costo de la vida en 1901. (Caras y Caretas 1901).

Los alquileres del conventillo representaban, en consecuencia, una pesada carga en el mermado presupuesto familiar, agravada por las condi-diones de precariedad e insalubridad que distinguían a los palomares porteños. Las imágenes del patrón inaccesible y del encargado cosmopolita y gruñón ingresaban con ribetes de pesadilla en las fantasías quincenales o mensuales de los inquilinos, y en este sentido vale la pena reproducir un diálogo de El conventillo, de Luis Pascarella:

"Francisco saludó algo cohibido al segundo y dirigióse a don Pascuale.

-Ya sabe -le dijo-, hoy ocuparé la pieza número 31.

-Sí, sí -contestó don Pascuale, y prosiguió su interrumpida conversación con don Alfonso. Pero se acordó que debía cobrarle y sacó de entre un manojo de papeles que tenía en la manó el recibo dé la pieza-. A propósito -dijo- ecco il recibo.

Francisco, que ya había levantado sus canastos, los apoyó de nuevo, hundió sus dedos en el ancho cinto llamado tirador, que oprimía la cintura, sacó un fajo de billetes muy doblados, contó, recontó, volvió a contar y entregó una cantidad a don Pascuale, quien, como hombre habituado a manejar dinero, controló con una mirada.

-¿Cuánto me das? -preguntó con impaciencia.

-Diez y seis nacionales -contestó Francisco, suspirando.

-¡Diez y seis nacionales! ¿Estás loco? -exclamó con desdén don Pascuale- ¿No te lo dije ayer? La pieza vale diez y ocho...

-¡Diez y ocho! -repitió a su vez Francisco, como si fuese el eco del otro.

-Y es barata, muy barata -continuó don Pascuale, dirigiéndose a don Alfonso-. Hoy mismo un vigilante de la sección me ofreció veinte; pero mi palabra es sacrosanta, como lo sabe la mecor quente de Buenos Aires.

Francisco se atrevió á insistir.

-Tenga consideración -dijó-- somos paisanos.

-Paisanos son éstos -replicó rápidamente don Pascuale dándose una fuerte palmada en el bolsillo del pantalón-. Estamos en América, y en América no hay otros paisanos.

¡Estaba fresco él si hubiese tenido que vivir con los pesos que le daban los del mismo pueblo! Y, como si quisiera justificar la afirmación con el documento, extendió su brazo de conquistador hacia el fondo del callejón.

-Guárdate: allí había de todo... blancos, negros, franceses, italianos. "-Tutti, tutti quelli che pagano sono paesani.

Ante el gesto concluyente, Francisco rio tuvo más remedio: ahogó un juramento entre los dientes, sacó de nuevo los billetes y le entregó los dos pesos restantes."

El Conventillo

Miembros de la subcomisión huelguista del conventillo de Ituzaingó 255, durante la huelga de 1907. Caras y Caretas, 1907.

En 1907 se produjo un hecho insólito: la "huelga de inquilinos", que rápidamente ganó las barriadas populares con tres consignas básicas: reducción de alquileres en un 30%, mejoras en las casas, garantía contra el desalojo.

El inusual movimiento de resistencia se inició a comienzos de setiembre en los conventillos de la calle Ituzain-gó 279-325, en los que residían aproximadamente 130 familias, y se fue extendiendo velozmente por la ciudad.

Algunos propietarios transaron. pero otros trataron de recurrir al desalojo compulsivo. En el inquilinato de San Juan 677 la intervención de la policía de Ramón Falcón dejó un muerto y varios heridos.

El 28 de octubre los inquilinos realizaron un mitin en plaza San Martín, y a su término marcharon en manifestación hacia la avenida de Mayo.

El Conventillo

La "manifestación de las escobas" en la Boca. Caras y Caretas, 1907.


El escuadrón de seguridad intervino y se produjo un tiroteo con saldo favorable para los huelguistas: cuatro vigilantes -heridos.

En Hechos y comentarios (1911) E. G. Gilimón describió así la famosa huelga:

"Buenos Aires es una ciudad que crece desmesuradamente. El aumento de la población es extraordinario por preferir la mayor parte de los inmigrantes quedarse en ella a ir a vivir al interior del país, cuya fama es desastrosa.

Las pésimas policías de campaña; la verdadera inseguridad que existe en el campo argentino, del que son señores absolutos los caciques electorales, influyen en el ánimo de los europeos, aun sabiendo que hay posibilidades de alcanzar una posición económica desahogada con mucha mayor facilidad que en la capital, a quedarse en ésta, en la que de todas maneras hay más seguridad, mayor tranquilidad para el espíritu.


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