Fiesta De San Baltasar - pág.2

Fiesta De San Baltasar - pág.2 Top Argentino

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Existe una rivalidad amistosa para sobresalir en la celebración, la cual tiene lugar en tantas casas como imágenes haya.

El 4 de enero ya se tiene sensación real de la proximidad de la fiesta por los estruendos que atruenan el aire, anunciando que las imágenes son llevadas a la iglesia para que se les rece una misa, con rítmicos y arrítmicos sones de tambores y alegres «musiqueadas».

En la víspera -nos informa don Ramón Viveros-, por la tarde se llevaba al Santo Negro juntamente con el Niño, a la iglesia de la Merced o de la Cruz, Se oficiaba la misa el día 6 hacia las diez u once dé la mañana, a la que asistían los promeseros, las gentes de color, las altas autoridades con sus respectivas familias y público en general.

La procesión era acompañada por la Banda de Policía. Los abanderados se encargaban de guiar a los santos, con sus respectivas banderas y estandartes -rojos y blancos- y la bandera nacional.
Una cuadra antes de llegar al lugar de la fiesta, el Niño se adelantaba dando vuelta a la manzana próxima, para esperar al Rey Baltqsar; cuando se encontraban como a ¦ diez metros de distancia, se iniciaba el primer saludo ; el segundo a los cinco metros y el tercero al llegar frente a la puerta o portón de la Iglesia. En ese momento la concurrencia gritaba: «¡Viva el Santo Rey!», «¡Viva don Justo Cossio!» o «¡Viva Doña Mercedes Vedoya!» (nombres éstos de los dueños de las imágenes) y se arrojaban bombas y estruendos, acompañados con la música de la banda.

Una vez terminado el saludo, primero el Niño, luego el San Baltasar, entre tos abanderados, entraban al lugar indicado, para luego ser colocados en sus respectivos altares. Las banderas quedaban en actitud de custodia detrás de las peanas. Los promeseros en primer término (muchos de ellos cou capas rojas) y luego el público en general se prosternaban por turnos, dejando sus respectivas limosnas. El Santo Cambá «recibía en su día el homenaje más expresivo de los afectos o las fiestas y alegrías progresivas, porque el Santo más se alegraba cuanto más se divertían sus convidados».


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