Juan Martín de Pueyrredón

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Biografías de Argentinos

07-09-2020 69 Visitas

Nació en Buenos Aires, el 18 de diciembre de 1777. Militar. Tuvo destacada actuación en las invasiones inglesas. Gobernador de Córdoba y de Charcas. General en Jefe del Ejército al Perú. Miembro del Triunvirato y diputado al Congreso de Tucumán de 1816. Director Supremo. Falleció en San Isidro, el 13 de marzo de 1850.

Juan Martín de Pueyrredón.
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Fue uno de los proceres de mayor prestigio de nuestra emancipación por su capacidad, patriotismo y eficacia; actuó durante 15 años en los acontecimientos ´más importantes de nuestra epopeya siempre en primera línea.

El historiador Dr. Vicente Fidel López, quien alcanzó a conocerle, y tenía referencias directas de su padre, autor del Himno Nacional, le describe en los siguientes términos:

"Por linaje, por educación y por hábitos, podrá pasar como una muestra perfecta del hermoso tipo meridional de los últimos años del siglo XVIII. Era alto y de cabeza erguida, más bien grave, templado; él ojo vivo y observador, imperioso a veces, velaba con esmero en las delicadas urbanidades del trato social, afable para con todos, para elevados personajes y para humildes subalternos".

"Franco y ameno en la intimidad, gustaba del reír ático, saboreaba con placer los chismes sociales y no pocas veces incurría en libertades que rozaban de cerca (con ingenio y vivacidad siempre) en la sátira antigua, sin las crudezas dé.Juvenal o de Suetonio".

"Pero al mismo tiempo era de una regularidad inquebrantable en sus costumbres privadas, y modelo de cariño con todos los suyos."
Bartolomé Mitre le describe como «hombre de mundo, de buen sentido y juicio propio, decoroso en su vida pública y privada, de presencia hermosa y arrogante, con maneras cultas y lenguaje digno, que establecían sin altanería el recíproco respeto».

Coincide Groussac cuando dice que Pueyrredón era «valiente, ponderado, tan elegante en lo moral como en lo físico, caballero de todos cuatro costados».

Nació en Buenos Aires el 18 de diciembre de 1777, hijo legítimo de don Juan Martín de Pueyrredón, vasco francés, de la familia de los marqueses de Fayolle de Pueyrredón, y de doña Rita O?Dogan, nacida en Buenos Aires, como sus padres, siendo el abuelo irlandés y la abuela española. Educado en París, donde cursó humanidades, casó muy joven con una prima hermana francesa y años más tarde, el 6 de mayo de 1815 contrajo segundas nupcias en Buenos Aires con doña María Calixta de Telle Echea. Dedicado al comercio mayorista de importación y exportación y a las faenas rurales, como su padre y hermanos, se improvisó en militar con motivo de la invasión británica en 1806. Actuó primeramente como intérprete entre los ingleses y el Cabildo y pudo darse cuenta de la posibilidad de expulsar al invasor. Debido a dicha actuación el comodoro Popham, en su defensa ante la corte marcial de Londres, dijo que «Pueyrredón, uno de los miembros del Cabildo, fue quien con más empeño encabezó la revolución contra ellos». No era realmente miembro de dicha corporación sino que, como se ha dicho, actuába como intérprete u oficial de enlace, lo que le permitió, además, hacer reflexiones a Popham Beresford y otros jefes británicos sobreda posibilidad de proteger la independencia. Fracasadas las gestiones se dedicó junto con sus hermanos (José Cipriano, Diego José y Juan Andrés) y varios amigos a reclutar hombres, armas, caballada, víveres y dinero para preparar la reconquista, que había sido encomendada al capitán de navio don Santiago de Liniers por el gobernador de Montevideo, donde había alguna tropa veterana. Pudo Liniers desembarcar en Las Conchas, reforzar su escaso contingente, alimentarlo y darle movilidad gracias a las actividades de Pueyrredón y sus hermanos y amigos, a pesar de haber tenido un contraste en Perdriel mientras organizaban la concentración.

El escuadrón de Húsares de Pueyrredón tuvo brillante actuación en la reconquista, cubriéndose de gloria, lo que dio gran prestigio a su jefe, que fué nombrado teniente coronel por Liniers, grado confirmado más tarde por el rey de España. Reconquistada la ciudad, en el Cabildo abierto del 14 de agosto de 1806 se discutió amplia y calurosamente la actuación dél virrey Sobremonte. Fue Pueyrredón quien con mayor vehemencia reclamó que se le quitara el mando para dárselo a Liniers, lo que así se resolvió prácticamente´´, solicitando al virrey que delegara el mando en favor del valiente marino para afrontar una nueva invasión que era inminente. Pueyrredón en realidad fue el segundo de Liniers y su actividad, valor, eficacia y prestigio, le destacaron de manera que no se pensó en otro cuando el Cabildo decidió enviar un diputado ante el rey para solicitar auxilios y mejoras en favor de Buenos Aires. Por dicho motivo no actuó en la segunda invasión británica. El itinerario resultó angustioso, viajando casi todo el tiempo por tierra hasta el norte del Brasil con nombre supuesto para evitar caer en manos de los ingleses, tocándole al regreso evitar a las tropas francesas que habían invadido la península ibérica. Presenció allí la descomposición del gobierno español y el drama de la metrópoli le produjo la impresión de una indiferencia molesta en relación con la hazaña realizada al rechazar al invasor. Llegó a la conclusión de que la independencia era necesaria pára no caer primero bajo el gobierno de alguna Junta Provisional española y después bajo el mando de los Bonaparte. Citado para integrar la asambleá de Bayona, donde Napoleón traspasaría la corona de España a su. hermano José, pudo eludir su asistencia manifestando al principio que carecía de poderes suficientes y fugándose después para nO ser conducido a viva fuerza. Mientras tanto, pudo despachar a dos emisarios, Moldes y Pintos, en busca de socorros británicos aprovechando la enemistad de la corona con el emperador de los franceses.

Dicha misión fue bien recibida por los ingleses, pero al intentar materializar sus propósitos se impuso la resolución de emplear antes sus fuerzas para liberar a la península. La expedición que preparaba Wellington, que debía venir a Buenos Aires, se dirigió a Portugal. Antes de regresar ofreció sus servicios militares a la Junta de Sevilla para combatir contra las tropas de Napoleón, lo cual no fue aceptado porque «teniendo que arreglar muchos asuntos de la América, era más conveniente permaneciese cerca de aquella Junta Suprema». Convencido de que su misión fracasaba y que las peticiones de Buenos Aires no prosperaban, escribió al Cabildo y al escribano del mismo, señor Núñez, aconsejando no acatar los nombramientos de virreyes, que cada Junta Provincial designaría.


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