Juan Pascual Pringles

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Biografías de Argentinos

07-09-2020 479 Visitas

Nació en San Luis, el 17 de mayo de 1795. Militar. Colaboró con San Martín y participó en la guerra de la independencia del Perú. Gobernador de San Luis. Peleó en numerosos encuentros. Murió en manos de los montoneros de Quiroga, el 18 de marzo de 1831.

Juan Pascual Pringles.
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Este valiente qué mereció la admiración y el respeto del propio enemigo nació en San Luis el 17 de mayo de 1795. Hace pocos años uno dé sus biógrafos, pudo situar el nacimiento de Juan Pascual Pringles en Los Tapiales, localidad de las serranías que, se encuentra a quince kilómetros de «El Trapiche» en el departamento de la provincia que lleva actualmente el nombre del Héroe de Chancay. Gilberto Sosa Loyola en su documentado libro Pringles: Retazos de vida y, tiempo, considera que es la ciudad de San Luis la cuna de este soldado de las luchas de la Independencia y de las contiendas civiles.

Poseía una despierta inteligencia y un firme carácter. Alma ardiente, apasionada por lo bello y por lo justo, estuvo siempre dispuesto a luchar por la causa de la patria como, más tarde, luchó también hasta la inmolación en defensa del partido unitario, cuando las contiendas civiles que ensangrentaron los campos de la República. ´

En 1813 -a los dieciocho años- ingresó como subteniente de bandera en las milicias de caballería de su provincia natal, que en 1814 integró la Gobernación-Intendencia de Cuyo, confiando el Director Posadas su gobierno al general José de San Martín.

En ese ambiente de exaltación patriótica el adolescente se hizo hombre. Era fuerte,´ alto y fornido, diestro en el manejo de las armas, excelente jinete. Poseía una concepción rápida y estaba dotado de un coraje que lo empujaba a las grandes hazañas.

Los prisioneros españoles tomados en los combates de Chile, algunos de aquellos jefes de alta graduación como el heroico defensor de la Chacra de Espejo en la batalla de Maipú, se encuentran en la cárcel de la capital puntana. Ordóñez y otros jefes planean pacientemente la fuga, que intentan en 1819. Cambiadas las., guardias. la sublevación fracasa: Facundo Quiroga, con un chifle de asta según unos o con el macho de los grillos según otros, mata al reemplazado centinela y da la voz de alarma. Pringles, con un grupo de soldados, es de los primeros en acudir a sofocar el levantamiento. Fue una verdadera batalla, y Pringles uno de los que actuaron con mayor decisión. Le fue conferida la medalla de plata que el Director Supremo y el Congreso otorgaron «A los bravos defensores del orden por su comportamiento en la sublevación realista de San Luis».

San Martín está preparando la ejecución de la segunda parte de su Plan Continental, que consiste en atacar a los realistas en el reducto mismo de su poder militar en América: el Perú. El teniente Pringles ingresa en el regimiento de Granaderos a Caballo, ya en camino de sus hazañas.

Participó valientemente en la Campaña del Perú. A fines de 1820 había ascendido a capitán y en este año realizó su acción memorable. El 27 de noviembre fue enviado con un grupo de veinticinco granaderos a cumplir una misión de reconocimiento. Atacado en la Playa de Pescadores, paraje de la costa peruana del Pacífico situado entre los puertos de Ancón y Chancay, por tres escuadrones de caballería realista al mando del general Valdés, y a pesar de la desproporción dé las fuerzas, el cápitán Pringles enfrentó al enemigo mientras maniobraba lentamente en busca de Chancay. En la dura brega los soldados argentinos qüedaron casi todos muertos o heridos y los pocos que aún podían combatir habían perdido los caballos, agotados por el cansancio. El jefe español intimó la rendición a Pringles, que en ejemplar rasgo de heroísmo resolvió arrojarsé al mar. Admirado por su coraje Valdés le ofreció noblemente una honrosa capitulación, con lo que el oficial argentino y los pocos granaderos que le quedaban salvaron las vidas. El general San Martín honró a los protagonistas de este episodio premiándoles con un escudo que decía: «Gloria a los vencidos en Chancay».

Prisionero de los realistas Pringles fue conducido a las fortalezas de Casas Matas, convertidas en importante prisión militar. Allí se ganó por su entereza y por la hazaña de Pescadores el aprecio de los jefes realistas que, al realizarse un canje de prisioneros, le devolvieron la libertad.

Reincorporado a las filas libertadoras penetró con el ejército de San Martín en la capital peruana (julio de 1821) y participó en el asedio de la formidable fortaleza de El Callao, que se entregó a las fuerzas patriotas en setiembre del año 1821. Fue ascendido a ayudante mayor recibiendo la condecoración de Benemérito de la Orden del Sol, que había fundado San Martín.

´ Después de la entrevista de Guayaquil, San Martín renunció a su cargo de Protector del Perú y dejó la dirección de la guerra, asumiendo el Congreso todos los poderes y delegando el ejercicio del Ejecutivo en una junta que ordenó al general argentino D. Rude-cindo Alvarado a combatir al poderoso ejército que había reunido La Serna. La expedición se embarcó en El Callao y desembarcó cerca de Arica ocupando Tacna y Moqueguá. En ella iba el mayor Pringles al mando de fuerzas de caballería. Pringles luchó en las dos acciones de Torata, la primera el 19 de enero, favorable a los patriotas, que al otro día fueron destrozados en el mismo lugar por las fuerzas españolas al mando del general Jerónimo Valdés. Los patriotas resolvieron forzar el paso de Moqueguá (21 de enero de 1823) y salieron derrotados nuevamente. Allí luchó Pringles contra los escuadrones de Canterac. Su valor sólo fue superado por el de Juan Lavalle, que con sus escasos granaderos convirtió en una página de gloria la sangrienta retirada.

Todas las principales acciones de la guerra de la independencia del Perú le tuvieron como actor destacado. También participó en las últimas y ya decisivas, cuando Bolívar se había hecho cargo de la dirección de la campaña, sobre todo en Junín, donde los granaderos argentinos hicieron prodigios de valor, y Ayacucho (diciembre de 1824) que puso glorioso término a las guerras por la independencia americana.

Pringles permaneció en el ejército de Bolívar y en 1826 fue ascendido a coronel. Sus seis años de ausencia llenaban de recuerdos y nostalgia su alma, y obtuvo autorización para regresar a su país.


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