Angel Vicente Peñaloza (El Chacho)

Angel Vicente Peñaloza (El Chacho) Top Argentino

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21-08-2020 311 Visitas

Nació en Huaja (La Rioja), en el año 1798. Caudillo. Era conocido con el nombre de “ El Chacho” . Estuvo al lado de Quiroga, y combatió en numerosos encuentros. Se pronunció contra Rosas, siendo su enemigo. De arraigo popular en el norte argentino, tuvo trágico fin en Olta (La Rioja), el 12 de noviembre de 1863.

Angel Vicente Peñaloza (El Chacho).
Biografía Angel Vicente Peñaloza TopArgentino.com

En la «Advertencia» que prologa la Vida del General Don Angel V. Peñaloza, biografía escrita por José Hernández en 1875, el editor don Angel Da Ponte afirmaba entre otros conceptos: «En la galería de los caudillos célebres que han sido fruto de nuestras contiendas civiles, «El Chacho» ha conquistado un puesto en el que se le encuentra menos brillante que muchos, pero más humano que todos.» Esa afirmación ha sido corroborada por la moderna investigación, que confirma la generosidad y la hidalguía de este valiente riojano.

Angel Vicente Peñaloza nació en el año 1798, en el pueblo de Huaja, situado en los llanos de la provincia de La Rioja. Descendiente de una de las más antiguas y distinguidas familias locales, fueron sus progenitores don Esteban Peñaloza y Agüero y doña Ursula del Rivero. Niño aún le tomó a su cargo un anciano sacerdote pariente suyo, que por su avanzada edad no pronunciaba bien la palabra muchacho y sólo le daba el nombre de Chacho, con el que el valiente caudillo pasó a la posteridad.

Se inició pronto en la carrera de las armas a las órdenes de Facundo Quiroga. Combatió en Palmas Redondas, en la cruenta batalla de El Tala, donde recibió una grave herida de lanza, y en Los Rincones del Manantial. Aquel valor contagioso que arrastraba tras del Chacho a sus soldados en fanáticas cargas se puso nuevamente de manifiesto en La Tablada y Oncativo, donde arrebató a las tropas de Paz algunas piezas de artillería que luego éste recobró cuando ya la victo-toria se decidía en favor suyo.

Hizo con Quiroga la campaña desde Río IV hasta la Cindadela, en 1831. En esta última batalla sacó a lazo de entre los cuadros de infantería de La Madrid un cañón de a 4 con su caja de municiones, que utilizó de inmediato contra las filas enemigas. Por su arrojo fue ascendido a teniente coronel en el mismo campo. Al regresar a La ^ Rioja fue designado comandante del Departamento de la Costa del Medio de los Llanos. Había sido asesinado Facundo y el prestigio del Chacho parecía reemplazar en el pueblo riojano la sombra del caudillo inmolado en Barranca Yaco.

Valido de este prestigio, Peñaloza organizó en 1835 y 1836 dos levantamientos contra los gobernadores Hipólito Tello y Jacinto Rincón, que fracasaron por haber sido delatados los preparativos.

En 1840 La Rioja se pronunció contra Rosas, y su gobernador, D. Tomás Brizuela, fue elegido jefe de la Coalición del Norte. El Chacho recibió la orden de organizar en los Llanos una división ligera. Con ella se incorporó al ejército de La Madrid en 1840. Posteriormente se le confió la defensa de los Llanos, invadidos por el Fraile Aldao. En Sañogasta fue herido y muerto el gobernador Brizuela, y el Chacho quedó a lá cabeza de la resistencia riojana. Entonces, dice José Hernández en su biografía de Peñaloza, «él solo, sin más elementos que su ´prestigio, sin más táctica que la que aconsejaba su genio, luchó diariamente durante tres meses consecutivos contra numerosas fuerzas que le oponían los ejércitos del general Oribe, el padre Aldao y el general Benavidez». Hizo prodigios de arrojo; su conocimiento del terreno le permitió convertir aquella campaña en una verdadera pesadilla para süs atacantes, que terminaron por abandonar la lucha. El Chacho quedó con esto dueño de casi toda su provincia natal.

Limpia La Rioja de enemigos, el Chacho resolvió entrevistarse con La Madrid en Catamarca y juntó sus fuerzas a las de éste para continuar la guerra contra los ejércitos rosistas. La suerte pareció por un momento acompañar a las armas unitarias: el bravo general Mariano Acha obtuvo las victorias de Punta del Monte y Angaco, donde luchando uno contra cinco derrotó a las poderosas fuerzas de Aldao y de Benavídez.

Pero el valiente Acha fue sorprendido en la Chacarita, cerca de la ciudad de San Juan, donde perdió muchos de sus hombres. Atrincherado en la ciudad, debió capitular poco después y fue fusilado por Aldao.

La Madrid se dirigió a Cuyo. Reforzado el ejército en San Juan invadió la provincia de Mendoza. Allí iba a librarse la última batalla, la que ha sido llamada por los escritores unitarios «La cruzada de 1840-1841». El combate tuvo lugar a pocas leguas de ciudad en el Rodeo del Medio, el 24 de setiembre de 1841. El Chacho mandó un escuadrón en el ala derecha unitaria, a las órdenes del coronel José Joaquín Baltar. La Madrid dio a Baltar la orden de cargar, que éste desobedeció, y el comandante Agustín Acosta y el Chacho cargaron briosamente al frente de sus respectivos escuadrones. El Chacho «dio entonces cargas tan repetidas y con tanto denuedo que desde ese momento rivalizó su nombradla con la de Acha, a quien nadie había igualado en arrojo y valentía».

Después de la derrota de Rodeo del Medio el general La Madrid y el coronel Peñaloza, con los restos del ejército, emprendieron la travesía de la cordillera para refugiarse en Chile. El cruce fue fatigoso y lleno de peligros, pues la cordillera estaba todavía en gran parte obstruida por la nieve. Muchos de los que acompañaban al Chacho murieron en la travesía. En los primeros días Peñaloza protegió la retirada con acciones de retaguardia.

Poco tiempo vivió en la expatriación, pues en abril de 1842 salió de Coquimbo con un grupo de hombres fieles, atravesó la cordillera por el pasó de Vichina y de inmediato casi toda La Rioja se pronunció a su favor. Reforzadas sus filas se dirigió de inmediato a la provincia de Catamarca, que pudo ocupar en gran parte. Rápidamente se dirigió a Tucumán y derrotó en Las Callecitas al general Gutiérrez; pero Benavidez organizó un poderoso ejército y lo derrotó en los Bañados de Ilisca y en Los Manantiales. Por esta causa debió emprender nuevamente el camino de la cordillera en busca del refugio chileno.

No podía vivir lejos de la patria. Nuevamente, de incógnito, regresó a la Argentina y en febrero de 1844 se presentó ante su antiguo adversario, el general Benavidez.


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