Carlos Pelegrini

Carlos Pelegrini Top Argentino

Biografías de Argentinos

21-08-2020 308 Visitas

Nació en Buenos Aires, el 11 de octubre de 1846. Jurisconsulto, político y estadista. Sobresalió en cuestiones económicas y financieras. Fundó el Banco de la Nación Argentina. Fue diputado, senador, ministro, vicepresidente y presidente de la Nación. Falleció en Buenos Aires, el 17 de julio de 1906.

Carlos Pelegrini.
Biografía Carlos Pellegrini TopArgentino.com

«Muchas naciones para mejorar su suerte política, tienen que pasar por horrendas convulsiones. Cuanto más duras, más preciado será el resultado. Las nuevas generaciones libres del despotismo, tendrán la gran tarea de la organización. Será obligación de los padres cultos educarlos para esa patriótica y civilizada misión». Esto escribía el Ingeniero Carlos E. Pellegrini en 1849, conceptos que inspiraron la educación de su hijo Carlos, nacido en Buenos Aires, él 11 de octubre ae 1846. El Ingeniero Pellegrini llegó a Buenos Aires en 1828 contratado por el Presidente Rivadavia para la realización de obras públicas, especialmente el Puerto de Buenos Aires. En su hogar, Carlos, enseñado por sus padres, aprendió las primeras letras y los idiomas inglés y francés. Cumplidos los 8 años se incorporó como pupilo a la escuela de su tía Ana Bevans, que en su vocación didáctica lo trataba con severidad. El alumno demostró sus valores individuales, que confirmó en el viejo Colegio Nacional de Buenos Aires, antiguo caserón de los jesuitas, ubicado al lado de la Iglesia San Ignacio. Desde el principio, Pellegrini adquirió preponderancia entre sus condiscípulos por su compañerismo, por la firmeza de su carácter, inteligencia y su brillante facilidad de expresión, condiciones que facilitaron su carrera pobtica.

Al invadir el dictador Francisco Solano López la provincia de Corrientes el 17 de abril de 1865 en su avance sobre la República Oriental del Uruguay provocó la participación argentina y del Brasil. El Presidente Mitre fue el jefe de los ejércitos de la Triple Alianza: Argentina, Brasil y Uruguay. Los estudiantes interrumpieron sus estudios y Pellegrini se alistó inmediatamente, marchando al campo de batalla. En la guerra buscó el peligro. Francisco Seeber escribe a un amigo : «Gran número de jóvenes distinguidos se presentaron en campaña. Entre los intelectuales se destaca Carlos Pellegrini, no habrá cumplido 20 años. Lo he visto pasar al frente de una cohetera, buscando voladas porque le sobra coraje». Asistió a la cruenta batalla de Tuyutí y antes de concluir la guerra regresó a Buenos Aires, por razones de salud (1866). Después de una larga convalecencia en.San Isidro, terminó sus estudios universitarios e ingresó a la administración pública con el cargo de Subsecretario del Ministerio de Hacienda, recogiendo información económica y financiera, que enriquecieron sus condiciones de estadista. No fue su propósito dedicarse a la carrera administrativa ni ejercer exclusivamente su profesión, sino la acción política con una orientación democrática.

Después de dos fracasos logró en 1872 ser electo diputado a la Legislatura de la Provincia. En 1871 había contraído matrimonio con doña Carolina Lagos, de la que no tuvo descendencia, lo que posiblemente exaltó su amor a los niños.

Actuó en la Legislatura únicamente dos años. Fue destacada su participación en los debates. No se preocupó en su primer discurso de haqer retórica, sino de tratar un asunto tan serio como la conversión de la moneda, problema que le preocupó siempre, hasta el final de su carrera. En su tesis de abogado, estableció como proposición accesoria: «La protección del Gobierno es necesaria para el desarrollo industrial de la República Argentina», refiriéndose al período inicial hasta tanto se consolide y concurra a los mercados libres.

Demócrata convencido, le preocupaban los problemas del sufragio universal. Su implantación absoluta requiere un largo proceso de educación cívica. Los caudillos electorales no pueden desaparecer de inmediato, por su intermedio se debe llegar al electorado, haciendo posible un gobierno de orden constructivo. La honestidad del estadista consiste en hacer desaparecer cuanto antes, esta dura realidad, que no se ajusta a los principios ortodoxos de la democracia.

Su breve y provechosa experiencia parlamentaria en la Legislatura de Buenos Aires le abrió las puertas del Congreso Nacional, donde el escenario era, más amplio. Electo diputado por Buenos Aires ejerció el cargo´ desde 1873 a 1879, a la altura de los más, destacados parlamentarios. Sus razonamientos metódicos, ordenando la argumentación y exponiendo con claridad, sin amaneramiento, y sin ostentar su verdadera erudición, le ganaba adictos. Un diputado espiritual le dice a un contrincante, «si usted no me entiende, le pediré al diputado Pellegríni que se lo aclare, como él solo sabe hacerlo».

Como consecuencia de las elecciones de marzo, acusadas de fraudulentas, los dirigentes del Partido Nacional, vencido en los comicios, organizaron la revolución de 1874, exigiéndole a Mitre, su jefe, que se pusiera al frente de las fuerzas no obstante haberles declarado que era preferible la peor elección a la mejor revolución. Todavía declaró que se hacía la revolución no para imponer su presidencia, sino como una reparación de la pureza del sufragio. La transmisión del mando de Sarmiento al Dr. Avellaneda, se realizó en plena lucha civil. Pellegríni sostuvo siempre que esta revolución fue, por sus fundamentos electorales, la precursora de todas las demás. Preguntaba: «¿Qué revolución, qué revuelta, nos ha mejorado los procedimientos cívicos? Las sociedades se fundan sobre el respeto a la ley, sobre el respeto a la autoridad, sobre el ejercicio de las libertades públicas. Basta un poco de arrepentimiento para devolver los derechos, despojados por el fraude, pero todo el poder, todo el arrepentimiento, no bastan para devolver al hogar, los hijos, los padres, los esposos sacrificados en los campos sin gloria de la guerra civil, no bastaría para devolver al país el crédito perdido y los tesoros inútilmente dilapidados».

En el parlamento se manifestó partidario de la libertad de enseñanza. Eligió como ejemplo el sistema norteamericano, donde la intervención del Estado se concreta únicamente a velar por el cumplimiento de las normas básicas. Celoso guardián de las autonomías provinciales en un debate en el que se trataba la intervención federal a la provincia de Corrientes dijo: «Cuando aceptamos ciertas instituciones tenemos que aceptar sus consecuencias. Hemos aceptado el sufragio universal, que significa armar a la mayoría de los ciudadanos sin cultura cívica, que no pudiendo pedir consejo a la ciencia que les falta, lo piden a la influencia extraña que la suple, he ahí el origen de los caudillos.»

El destino le reservó la tarea de tener que sofocar revoluciones ejerciendo funciones ejecutivas. El Presidente Avellaneda, en las postrimerías de su mandato, en 1880, se vio frente a una rebelión provocada por la actitud del Gobernador de Buenos Aires, Dr.


Compartir:




Paginas: