Fray Justo Santa María de Oro

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Biografías de Argentinos

14-02-2020 64 Visitas

Nació en San Juan, el 30 de julio de 1772. Sacerdote. Apoyó con entusiasmo la causa de la independencia argentina y fue amigo de San Martín. Asistió como diputado al Congreso de Tucumán de 1816, y firmó el acta de la declaración de la independencia. Vicario Apostólico de Cuyo, fue su primer Obispo. Falleció en San Juan, el 19 de octubre de 1836.

Fray Justo Santa María de Oro.
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«Alma angelical, en quien las dotes del corazón y de la cabeza estaban armoniosamente equilibradas», con estas palabras se refería Bartolomé Mitre a este sacerdote. Nacido en la ciudad de San Juan el 30 de julio de 1772. Fueron sus padres don Juan Miguel de Oro y doña María Elena Albarracín. Adquirió los primeros conocimientos en el hogar paterno. De viva inteligencia, a los catorce años había cursado los estudios secundarios, lo que significaba que dominaba la. lengua latina.

En setiembre de 1786 inició sus estudios de filosofía en el convento de Santo Domingo, donde su tío, fray Anselmo Remigio Alba-rracín, dictaba lógica´. Dos años más tarde el joven defendió públicamente unas conclusiones «dando grandes muestras de aprovechamiento». Al año solicitó ingresar en la Orden de Santo Domingo, en la que fue admitido profesando el 24 de mayo de 1790.

Terminados los estudios eclesiásticos en Santiago de Chile, se ordenó sacerdote el 29 de noviembre de 1794, doctorándose en teología en la Universidad de San Felipe, y ocupó la cátedra de esa materia en la Recoleta dominicana de la capital chilena.

En 1804 se le nombró prior del convento que bajo su dirección cobró gran impulso. Su primer proyecto fue la construcción de un colegio para estudios eclesiásticos de todas las provincias chilenas. Con tal objeto fundó el Colegio de San Vicente Ferrer aprovechando las rentas del fundo de Apoquindo, por lo que debió trasladarse a España en busca del permiso correspondiente, gestiones que se vieron coronadas por un éxito positivo.

Se hallaba en España cuando estalló la Revolución de Mayo de 1810. De regreso, a los pocos meses, apoyó con entusiasmo la causa de la independencia, como lo había hecho el clero, desafiando con sus compañeros las vicisitudes de la revolución. Tras una breve per-? manencia en la ciudad de San Juan, pasó a Santiago de Chile y apoyó la independencia del país vecino, proclamada el 18 de setiembre de 1810.

Después de la reconquista, efectuada por los realistas en 1814, se vio obligado a regresar a San Juan, donde se encontraba cuando llegó a hacerse cargo del gobierno de la provincia de Cuyo el entonces coronel don José de San Martín. Allí estrechó sincera amistad con el futuro Libertador, unidos´ por un mismo ideal.

En San Juan se puso de acuerdo con el teniente gobernador, doctor José Ignacio de la Roza, para ayudar a San Martín en la formación y sostenimiento del Ejército de los Andes. En 1815 el Cabildo lo eligió, con Francisco Narciso de Laprida, representante de la provincia en el Congreso que debía reunirse en Tucumári para dictar la Constitución nacional. En aquella magna asamblea, reunida el 24 de marzo de´ 1816, ocupó un lugar de preeminencia.

Amigo de San Martín como dijimos, ejerció gran influencia sobre los congresistas, revelando su capacidad e inteligencia y siendo uno de los más entusiastas sostenedores de la declaración de la independencia nacional en la sesión del 9 de julio, cuya acta suscribió.


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