Francisco P. Moreno - pág.2 - Biografías de Argentinos

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Nació en Buenos Aires, el 3 1 de mayo de 1852. Sabio. Realizó investigaciones antropológicas, arqueológicas y paleontológicas en el sur argentino que le permitieron recoger numerosos testimonios científicos. Creó el Museo Antropológico y Arqueológico de Buenos Aires. Se le conoce con el nombre de perito Moreno, por haber intervenido en el conflicto de límites con Chile. Diputado y director vitalicio del Museo de Historia Natural de La Plata. Falleció en Buenos Aires, el 21 de noviembre de 1919.

Sus primeros viajes le llevaron a las lagunas de Chas-comús y Vitel. Ayudado por familiares y amigos aumentó sus tesoros de piedras raras, puntas de flechas y huesos milenarios.

El padre de Moreno creía sinceramente en la vocación de su hijo, Esto explica que le hiciera construir un edificio destinado á servir de museo, biblioteca y laboratorio. En noviembre de 1872 Moreno se atrevió a mostrar ya en público los primeros escritos reveladores de sus observaciones y descubrimientos. La hora había llegado. Se hablaba de él, reconocían su talento y hasta en el extranjero le mencionaban con encomio.

En abril del año siguiente emprendió su primer viaje al Sur. Llegó a Carmen de Patagones y al Río Negro. En una extensión de más de doscientos kilómetros hizo estudios sensacionales, recogiendo testimonios llamados a revitalizar las ciencias paleontológicas y antropológicas, que tanto conmovieran al mundo en aquellos días.

Entre los mil objetos que trajo de su primer viaje al Sur se destacan sesenta cráneos indios, estudiados y clasificados de tal forma que la prehistoria y la historia se saludan confundidas en una verdad hasta entonces ignorada. La novedad científica de sus deducciones le movió a remitir sus testimonios al director del Museo Antropológico de París, evidenciando los caracteres morfológicos de los cráneos y asegurando que muchas de las piezas antropológicas descubiertas correspondían a razas desaparecidas del planeta. La Revista de Antropología de París publicó, con un elogioso comentario, el informe sobre los descubrimientos y sobre la persona del joven investigador.

Moreno exploró después la laguná Vitel, efectuando una visita rápida y fructífera a Tandil y Azul, con lo que acrecentó su ya importante colección científica.

El 2 de agosto de 1875 la Sociedad Científica Argentina, fundada tres años antes por apasionados cultivadores de las ciencias naturales, llamó a su seno al Dr. Moreno eligiéndolo vocal de la Junta Directiva y designándolo director del museo creado por la Sociedad. Fue ésta, en verdad, la consagración que le brindó su país. Desde entonces tendría por compañeros y aliados en sus investigaciones a hombres de tan brillante trayectoria en los anales de la ciencia argentina como Estanislao S. Cebados, Pedro Pico, Huergo, White, Rosetti, Berg y Puiggari.

El 25 de setiembre de 1875 el Dr. Moreno, con la ayuda económica y moral de la Sociedad Científica Argentina y del gobierno de la provincia de Buenos Aires, inició una nueva aventura por tierras del Sur hasta llegar al Lago Nahuel Huapi. Semejante viaje, cruzando toda la zona patagónica era empresa heroica en aquellos días, acometida solamente por algún Quijote. El indio era dueño y señor de las frías y casi desiertas extensiones. Al salir de Bahía Blanca, Moreno no contaba con más medio de locomoción que el caballo. Su buen ánimo estuvo siempre a la altura del empeño. La historia, entre otros títulos que lo glorifican, iba a reservarle el de El hombre de la Patagonia, porque fue el más bravo y decidido vencedor científico de una región hostil casi desconocida.


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