Antonio Alvarez Jonte

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Biografías de Argentinos

12-10-2019 12 Visitas

Antonio Alvarez Jonte nació en Madrid, en 1784. Actuó en el movimiento emancipador. Fue diplomático en Chile; integró el Segundo Triunvirato, y comisionado al Perú. Desterrado en Londres, estuvo vinculado con San Martín, de quien era muy amigo. Murió en Pisco (Perú), el 18 de octubre de 1820.

Antonio Alvarez Jonte.
Grandes Argentinos

Nació en Madrid en el año 1784 y se estableció con su familia en Buenos Aires poco después. Hizo sus estudios de latín y filosofía en el Colegio de Monserrat, de Córdoba, graduándose de bachiller. Después se trasladó a Chile, en cuya Universidad de San Felipe se licenció en leyes. Nuevamente en Buenos Aires actuó resueltamente en el movimiento emancipador. La actitud y decisión demostrada en aquellas memorables jornadas le valieron que el gobierno patriota lo enviara a Chile con el propósito de acelerar el movimiento revolucionario que, en estado latente, debía estallar de un momento a otro. El 18 de setiembre de 1810 -fecha en la que en el pueblo hermano se reproducían los acontecimientos porteños con el establecimiento de la Junta Suprema del Reino de Chile-, fue nombrado comisario por la Primera Junta para que la representara. Al llegar a Mendoza se enteró del cambio operado en Chile y a pesar de ello continuó el viaje llegando a Santiago el 29 de octubre. Alvarez Jonte, no obstante tener poderes para presentarse solamente ante el Cabildo santiaguino, fue recibido por la Junta con toda solemnidad en medio de todas las corporaciones convocadas al efecto. En su elocuente discurso de recepción propuso tratados políticos y comerciales y una alianza militar ofensiva y defensiva tendiente a afirmar el porvenir de Chile y las Provincias del Río de la Plata.
La Junta de Buenos Aires le amplió posteriormente los poderes transformándolo en un verdadero diplomático con el título de diputado o representante el 29 de noviembre de 1810. Con ese motivo, en un acto oficial pronunció un nuevo discurso, el 18 de diciembre, de contenido verdaderamente revolucionario desarrollando «las doctrinas políticas de los filósofos del siglo XVIII, sobre la soberanía popular y el derecho inalienable de todas las agrupaciones humanas para darse el gobierno que mejor conviniera a sus intererses y a su progreso», como decía Diego Barros Arana. Causó honda impresión en la clase dirigente. Entre tanto, asociado a los patriotas más vehementes de Chile, apoyaba a Juan Martínez de Rozas y a Manuel Salas, desplegando una actividad inusitada hasta llegar a ser el autor de panfletos que comunicaban al gobierno noticias calculadas para desacreditar a sus enemigos políticos. El envío que se hizo a Buenos Aires de unas cartas acusatorias sirvió para que la Primera Junta lo relevara del cargo, siendo sustituido por don Bernardo de Vera y Pintado, a mediados de 1811. De todos modos, cábele la gloria de que su desempeño fue la primera manifestación concreta de la diplomacia independiente en el continente americano. De regreso a Buenos Aires (1812) fue elegido regidor de sexto voto y defensor de menores al renovarse el Cabildo de Buenos Aires.
La revolución del 8 de octubre, que produjo la caída del primer Triunvirato, lo llevó al gobierno, siendo elegido por gran mayoría de sufragios para integrar el Segundo Triunvirato, con Juan José Paso y Nicolás Rodríguez Peña.


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